El colombo-venezolano Ali Zaki Hage Jalil es señalado por Panamá, Estados Unidos e Israel como el principal sospechoso de haber colaborado en el peor atentado terrorista de la historia panameña, la explosión del vuelo 901 de Alas Chiricanas, ocurrida el 19 de julio de 1994, que dejó 21 muertos, entre ellos doce miembros de la comunidad judía y tres ciudadanos estadounidenses. Tres décadas después, Venezuela lo extraditó a Panamá, en un giro inusual frente a su tradicional resistencia a entregar ciudadanos con nacionalidad venezolana.
Según investigaciones de las autoridades panameñas y de agencias de inteligencia estadounidenses e israelíes, Hage Jalil habría formado parte de la estructura de Hezbolá en América Latina, encargada de apoyo logístico para operaciones terroristas en la región. El atentado contra el vuelo 901 —un avión Embraer EMB 110 Bandeirante que explotó poco después de despegar del aeropuerto de Colón— es considerado el peor ataque terrorista ocurrido en Panamá y se ha vinculado a la misma red que ejecutó el atentado contra la AMIA en Argentina ese mismo año.
En los años noventa, Ali Zaki Hage Jalil se instaló en la Zona Libre de Colón, en Panamá, donde manejaba una empresa comercial y tenía vínculos con circuitos de importación y reexportación de mercancías. Tras el atentado de 1994, las autoridades panameñas lo detuvieron el 9 de octubre de ese año mientras transportaba subametralladoras Mini Mac, municiones y otros materiales, y en allanamientos posteriores hallaron más armas y dinero en efectivo vinculados a él. Sin embargo, el caso no avanzó en la jurisdicción penal, fue derivado a la vía administrativa y Hage Jalil recuperó la libertad, tras lo cual regresó a Venezuela.
Pese a las sospechas, el sospechoso continuó viajando en los años siguientes: registros oficiales muestran que volvió a Panamá en varias ocasiones, incluido un viaje en 2011 para practicar paracaidismo. El expediente volvió a tomar fuerza en 2017, cuando servicios de inteligencia israelíes entregaron nueva información al gobierno panameño sobre la posible conexión de Hezbolá con el atentado del vuelo 901, reactivando el interés sobre el rol de Hage Jalil.
El hombre fue finalmente detenido en Venezuela el 5 de noviembre de 2023 en la isla de Margarita, durante un operativo que —según documentos judiciales citados por BBC Mundo— se desarrolló sin resistencia. Pese a que en Venezuela existía una prohibición presidencial de extraditar a venezolanos, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) autorizó su entrega a Panamá argumentando que la solicitud panameña se había hecho antes de los hechos que derivaron en esa restricción general. La decisión fue comunicada oficialmente el 27 de marzo de 2026, y la extradición se concretó semanas después.
Una vez en suelo panameño, Ali Zaki Hage Jalil fue recibido bajo estrictas medidas de seguridad en el Aeropuerto Internacional de Tocumen y trasladado a la Dirección de Investigación Judicial de la Policía Nacional, donde quedó a la orden de la justicia. Enfrentará cargos por terrorismo y homicidio múltiple, en un juicio que podría revelar detalles hasta ahora desconocidos sobre la operación que destruyó el vuelo 901 y sobre la presencia de redes extremistas en América Latina en los años noventa.
El caso también ha reavivado el debate sobre las presuntas redes de protección y expedición irregular de pasaportes a ciudadanos de Medio Oriente desde Venezuela, denunciadas por exfuncionarios y exdiplomáticos en los últimos años. Aliados del gobierno venezolano, como el exdiputado Adel El Zabayar, han intentado relativizar las acusaciones, cuestionando el uso del término “terrorismo” y sugiriendo que algunas imputaciones responden a intereses de Estados Unidos e Israel. No obstante, para Panamá y para las familias de las 21 víctimas del vuelo 901, la extradición de Hage Jalil supone el avance más importante en más de 30 años de búsqueda de justicia, con la expectativa de que el proceso judicial ayude a esclarecer responsabilidades y conexiones internacionales del atentado.

