El presidente de Estados Unidos, Donald Trump reveló un memorando confidencial de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que detalla los planes del chavismo para manipular el sistema de votación electrónica en Venezuela entre 2004 y 2020, utilizando el control del Consejo Nacional Electoral (CNE) y la tecnología de Smartmatic como piezas clave de una arquitectura diseñada para asegurar la permanencia en el poder. Aunque el documento incorpora matices sobre la magnitud real del fraude en cada elección, los archivos desclasificados describen un entramado de vulnerabilidades, acceso privilegiado y capacidades técnicas que permitían alterar cómputos sin ser detectados en auditorías tradicionales.
Los reportes de inteligencia, fechados el 29 de junio de 2026 y hechos públicos desde la Casa Blanca, recogen cómo desde 2004 el gobierno de Hugo Chávez manifestó su interés en usar el voto electrónico no solo para blindar sus resultados internos, sino incluso como herramienta de influencia sobre la política estadounidense. La CIA documentó planes concretos para intervenir la infraestructura del CNE y las plataformas de Smartmatic, al tiempo que advertía sobre la combinación de poder tecnológico, militarización del aparato electoral y concentración institucional que caracterizó al sistema venezolano.
En el caso de las elecciones presidenciales de 2012, los servicios de seguridad de Chávez —la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN)— aparecen trabajando junto al CNE y Smartmatic en un esquema de máquinas preprogramadas en bastiones chavistas que habría permitido inyectar alrededor de 1,5 millones de votos adicionales. Tras esos comicios, diversas fuentes citadas en los informes relatan que Chávez felicitó a su equipo por la supuesta ejecución exitosa de la maniobra, mientras un especialista en comunicaciones del Ejército era asignado al CNE para ofrecer acceso en tiempo real a los datos a la cúpula gobernante.
Los analistas de la CIA incluso ensayaron, en 2013, una evaluación tipo “abogado del diablo” sobre el software electoral venezolano, concluyendo que un fraude masivo podría haber ocurrido sin dejar huellas visibles gracias al acceso interno y al uso de componentes de Inteligencia Artificial (IA) capaces de detectar cuándo las máquinas estaban siendo auditadas. Según esa hipótesis, los equipos podían imprimir recibos aparentemente correctos sin registrar ni transmitir los votos alterados, construyendo una fachada de normalidad de cara a observadores y opositores.
De cara a las parlamentarias de 2020, la inteligencia estadounidense detectó un salto técnico adicional con la idea de “máquinas virtuales”, sistemas diseñados para duplicar transmisiones legítimas y luego sobrescribir las bases de datos centrales con cifras manipuladas. Esta táctica consistía en replicar archivos hash digitales de las máquinas reales, imitar el comportamiento de equipos que favorecían al partido gobernante y reemplazar los registros de aquellos donde ganaba la oposición, permitiendo al entorno de Nicolás Maduro monitorear y ajustar resultados en tiempo real sin romper formalmente los protocolos de auditoría.
La relación con Smartmatic terminó resquebrajándose cuando la propia empresa denunció irregularidades en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente de 2017, al afirmar que el gobierno infló la participación en más de un millón de votos. En marzo de 2018, Smartmatic anunció el cierre de sus operaciones en Venezuela, marcando una ruptura definitiva luego de años de proveer tecnología electoral al país y dejando al descubierto la tensión entre proveedor tecnológico y régimen.
En el plano internacional, la CIA también revisó el impacto de la expansión de Smartmatic sobre el sistema electoral estadounidense, especialmente después de la compra de la firma Sequoia en 2006. La presencia de esa compañía en cientos de condados de Estados Unidos llevó a considerar la operación como una amenaza moderada, y la presión oficial terminó forzando la venta de Sequoia en 2007 para reducir el riesgo de una eventual vía de manipulación extranjera.
Pese a la contundencia de los planes descritos, las evaluaciones de base de la CIA introducen cautela al momento de dictaminar el uso sistemático de fraudes masivos en todos los procesos. En el caso de 2012, el aumento de 24% del gasto público antes de las elecciones y la ventaja de Chávez en las encuestas aparecen en el informe como factores suficientes para explicar el resultado sin requerir la confirmación de un fraude electrónico a gran escala.
Algo similar ocurre con las parlamentarias de diciembre de 2020, donde los analistas concluyen que el régimen de Maduro no necesitaba recurrir a una manipulación digital masiva, dado que ya había cooptado las directivas de partidos opositores y la oposición real decidió boicotear el proceso. Con todo, la colección de documentos desclasificados deja trazado un registro histórico sobre cómo el chavismo construyó una arquitectura tecnológica de control electoral, que erosionó la integridad del voto y convirtió al sistema automatizado venezolano en un instrumento central de preservación del poder.
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