El diplomático venezolano Diego Arria criticó con dureza la estrategia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hacia Venezuela, al considerar que las decisiones adoptadas desde Washington no han logrado producir los cambios democráticos prometidos y, por el contrario, han terminado reforzando la narrativa del régimen en Caracas. En sus declaraciones, Arria cuestionó que se presentara la política frente a Venezuela como un plan de presión “determinante y definitivo”, cuando los resultados visibles han sido un prolongado estancamiento político, el empeoramiento de la crisis humanitaria y un progresivo desgaste de la oposición.

Arria advirtió que muchas de las medidas impulsadas por la Casa Blanca, incluyendo sanciones económicas y restricciones financieras, se anunciaron como herramientas para debilitar al gobierno venezolano, pero fueron implementadas sin una estrategia clara de salida ni un soporte político interno sólido. A su juicio, esa combinación permitió al oficialismo presentarse ante parte de la población como víctima de un cerco internacional, mientras el país seguía sumido en hiperinflación, colapso de servicios y migración masiva, sin que se concretara la transición democrática que se ofreció como horizonte.

El exgobernador de Caracas sostuvo que, tanto en la etapa de máxima presión como en los ajustes posteriores, la política de Trump hacia Venezuela estuvo marcada por anuncios ruidosos, expectativas sobredimensionadas y poca coherencia entre discurso y acciones, lo que terminó generando frustración y desconfianza entre amplios sectores de la sociedad venezolana y de la diáspora. En ese sentido, criticó que se hayan hecho promesas que “nunca tuvieron anclaje en una estrategia realista”, mientras se debilitaban espacios de articulación y se diluía la credibilidad de una parte de la dirigencia opositora que se apoyó casi por completo en el respaldo de Washington.

Arria también alertó sobre el riesgo de que cualquier nueva hoja de ruta que se construya para Venezuela vuelva a caer en el mismo esquema de dependencia de factores externos, sin un replanteamiento serio de las fuerzas internas, de la organización ciudadana y de la capacidad de presión política dentro del país. En su opinión, la experiencia reciente demuestra que ningún gobierno extranjero, por poderoso que sea, puede sustituir el trabajo político, la organización y la legitimidad que deben construirse desde la propia sociedad venezolana para lograr cambios duraderos en el poder.

El diplomático insistió en que la discusión sobre el rol de Estados Unidos no puede centrarse solo en la figura de Trump, sino en la necesidad de revisar críticamente toda la arquitectura internacional que se diseñó alrededor del conflicto venezolano, incluyendo alianzas, reconocimientos y mecanismos multilaterales que no produjeron los resultados esperados. Aun así, subrayó que la responsabilidad principal sigue recayendo en quienes hoy detentan el poder en Caracas, pero afirmó que una estrategia equivocada desde el exterior puede agravar la crisis, prolongar el sufrimiento de la población y ofrecer al régimen nuevas excusas para justificar su permanencia.


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