Una denuncia empresarial en Venezuela describe la existencia de una presunta red utilizada para mover dinero vinculado al chavismo entre Venezuela, Europa y Perú, aprovechando el negocio de importación y comercialización de insumos y dispositivos médicos. Según el relato del empresario afectado, su compañía fue arrebatada mediante presiones, amenazas y maniobras societarias irregulares, y luego convertida en plataforma para operaciones internacionales con fabricantes europeos de implantes médicos.
De acuerdo con esta versión, no se trató de una disputa comercial ordinaria, sino de un proceso de despojo progresivo que culminó con la pérdida total del control de la empresa. La estructura societaria habría quedado en manos de personas vinculadas al poder político y a redes empresariales cercanas al oficialismo, que utilizaron la compañía para canalizar recursos de procedencia dudosa bajo apariencia de actividad comercial legítima, con operaciones en Venezuela y Perú.
En el centro de la trama aparecen nombres como Cilia Flores, la exmagistrada Miriam Morandi, Jeanpiert Sandoval y Ana Rufael, además de las compañías Polytech Health & Aesthetics y Promoitalia. La denuncia identifica a Miriam Morandi como exmagistrada, expresidenta de circuito judicial y miembro de la Sala de Casación Penal, con trayectoria dentro del sistema de justicia y capacidad de influencia en decisiones de alto impacto. Según el relato, su cercanía con estructuras políticas del oficialismo habría facilitado la presión sobre el empresario para incorporarlo primero como socio y luego desplazarlo del control de la compañía.
También figura Jeanpiert Sandoval, señalado por el denunciante como sobrino de las hermanas Morandi y de Cilia Flores. Sandoval, quien enfrenta una demanda judicial en Perú por presunta estafa, habría mantenido conexiones dentro del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), lo que le permitió acumular influencia en espacios policiales y de investigación. De acuerdo con la denuncia, ese tipo de conexiones reforzó la capacidad de presión sobre el empresario y facilitó el proceso por el cual habría sido obligado a convertirse en socio de una estructura que terminó por despojarlo de su empresa, tanto en Venezuela como en Perú.
En el mismo núcleo aparece Ana Rufael, de origen libanés, quien se desempeñó como Senior Directora de Ventas y Marketing Latinoamérica de Polytech en América Latina entre 2015 y 2024. La denuncia la ubica dentro del entorno comercial de la compañía alemana, en una red de ventas y representación que habría sostenido relaciones con la empresa venezolana presuntamente despojada. Su nombre se suma al de otras personas señaladas en el circuito de negocios y representación de Polytech, fabricante europeo de implantes mamarios y de cuerpo, así como de productos de alta gama con producción en Alemania y presencia internacional en el sector médico-estético.
Según el empresario, aun después de conocerse las advertencias sobre el control real del negocio y sobre la legitimidad de sus socios y el origen del dinero que se invertía, Polytech habría mantenido sus vínculos comerciales con la empresa venezolana a través de su estructura de representación en América Latina. En ese entramado también aparece Promoitalia, firma italiana dedicada al diseño y producción de sistemas de implantes y dispositivos médicos, que igualmente habría mantenido relaciones comerciales con la compañía señalada.
La denuncia sostiene que ambas empresas europeas fueron advertidas de que estaban haciendo negocios con una estructura que ya no estaba bajo el control de su dueño original y que, además, mantenía vínculos con personas sancionadas o señaladas por Estados Unidos a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). El empresario asegura que también informó sobre el origen presuntamente irregular de los fondos utilizados para sostener las operaciones, pero que esas advertencias no bastaron para frenar los envíos ni para romper la relación comercial.
En la versión presentada, el dinero que alimentaba esos negocios no provenía de una actividad limpia, sino de una red asociada al poder político venezolano, al despojo empresarial y a un presunto esquema de lavado de dinero. Las compañías europeas no solo habrían seguido vendiendo implantes y dispositivos médicos, sino que habrían permitido que recursos de procedencia sospechosa circularan bajo la cobertura de una cadena formal de distribución, legitimando operaciones vinculadas a una empresa capturada por intereses ajenos a su propietario original.
Más allá del caso venezolano, Polytech arrastra antecedentes judiciales en otros mercados. Un fallo del Superior Tribunal Regional de Frankfurt, divulgado en junio de 2024 por el blog de la periodista Miriam Leitão en el diario O Globo, concluyó que la compañía alemana se apropió indebidamente de tecnología protegida por secreto industrial de la brasileña Silimed, mayor fabricante de implantes de silicona de América Latina. La relación comercial entre ambas empresas se inició en 1992 y se extendió entre 1995 y 2008 en el mercado europeo, periodo en el cual Polytech obtuvo acceso a la tecnología desarrollada por Silimed para fabricar implantes recubiertos con poliuretano y luego comenzó a producir y vender sus propios productos utilizando esa base técnica.oglobo.globo
El conflicto se prolongó durante 16 años hasta que el tribunal alemán ordenó a Polytech suspender la venta de esos implantes y cumplir el laudo arbitral emitido por la Cámara de Comercio Internacional. El fallo también dispuso una indemnización a favor de Silimed, descrita como una suma de millones de euros, aunque el monto preciso quedó bajo reserva judicial.oglobo.globo
La coexistencia de estos antecedentes con las denuncias surgidas en Venezuela ha llevado a cuestionar las prácticas empresariales de fabricantes de implantes que operan en entornos de alto riesgo político y judicial. La discusión se centra en la verificación de socios locales, el cumplimiento de sanciones internacionales y la responsabilidad de compañías que, pese a tener información sobre el contexto, deciden continuar operaciones en mercados marcados por corrupción, represión y violaciones de derechos humanos.
El caso, tal como lo presenta la denuncia, deja una secuencia precisa: una empresa despojada, una red de presión con conexiones judiciales y policiales, una estructura comercial en Europa y operaciones que se mantuvieron pese a las alertas. En esa cadena aparecen Miriam Morandi, Jeanpiert Sandoval, Ana Rufael, Polytech y Promoitalia, junto con un empresario venezolano que asegura haber perdido su compañía y haber visto cómo la misma terminó convertida en vehículo para negocios que, según su versión, favorecieron a un entramado ligado al Madurismo
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