Williamsburg, Brooklyn. El nombre promete un café informal o quizás un bar de barrio para tomar algo rápido. La realidad, sin embargo, es completamente distinta: quien cruce la puerta de Cafe Bar J.F. se encontrará con una experiencia gastronómica sofisticada que ha logrado algo poco común en Nueva York, dos estrellas del prestigioso New York Times, y lo ha hecho celebrando con orgullo las raíces culinarias de Sudamérica.
Para la creciente comunidad latina de Nueva York, y para cualquier hispanohablante que valore ver su cultura gastronómica representada con sofisticación en una de las capitales culinarias del mundo, esta apertura merece atención: no se trata de comida latina «casual» o estereotipada, sino de una propuesta que eleva los sabores de Chile y Perú a un nivel de alta cocina contemporánea.
Un nombre que no cuenta toda la historia
El nombre J.F. combina las iniciales de sus dos creadores: Juan Correa, propietario del restaurante, y Francisco Castillo, el chef detrás de la cocina. Aunque ambos han descrito el lugar como una especie de «taberna» informal, la realidad en el plato desmiente por completo esa etiqueta. La cocina de Castillo tiene tendencias sutilmente modernas, con raíces firmes pero flexibles en ciudades como Santiago, donde nació y creció, y Lima, donde perfeccionó su oficio culinario.
Esta contradicción entre el nombre casual y la ambición real de la cocina es, precisamente, parte de lo que hace tan interesante a este nuevo proyecto del equipo detrás del reconocido Llama Inn.
Un espacio con alma sudamericana en pleno Brooklyn
Ubicado en el 50 de Withers Street, en la esquina con Meeker Avenue, Cafe Bar J.F. ocupa el mismo local que anteriormente albergó a Llama Inn. El resultado es un espacio tipo loft, amplio y abierto, organizado alrededor de una barra angular que se posiciona en el centro del comedor, rodeada de mesas pensadas para grupos de distintos tamaños.
La decoración, aunque minimalista, está cuidadosamente pensada: botellas de vino vacías dispuestas como elemento decorativo y arte moderno en las paredes evocan el linaje europeo que caracteriza a ciudades sudamericanas como Buenos Aires, Lima o Santiago, creando un ambiente estiloso y con un toque misterioso, pero sin perder calidez.
El ambiente sonoro complementa la experiencia
El nivel de ruido resulta cómodo, ni excesivo ni silencioso, gracias a una playlist eclécticamente encantadora que va desde el pop brasileño de Jorge Ben Jor hasta clásicos como Fleetwood Mac, una mezcla que complementa perfectamente el animado murmullo de conversaciones que llena el comedor durante las noches.
Una carta que celebra lo latinoamericano con creatividad
La propuesta gastronómica de Francisco Castillo se despliega en tres secciones bien diferenciadas, cada una con su propia personalidad.
Panes y platos pequeños para compartir
Entre las opciones de $8 a $27 destacan preparaciones como el pan de papa a la parrilla, la empanada de mejilla de res, un delicado tartare de tomate, una fresca ensalada de apio, lentejas negras y un tomate heirloom ahumado que, según las reseñas, sorprende por su profundidad de sabor.
Platos grandes pensados para la mesa
Para quienes buscan una experiencia más contundente, la carta ofrece platos grandes con precios entre $18 y $96, entre los que sobresale el rib-eye tonnato y un imponente steak para dos personas a $96, ideal para una cena especial en pareja o con amigos.
Postres con identidad propia
El cierre dulce de la experiencia llega con un mousse de chocolate peruano y una tarta de queso, ambos en el rango de $12 a $20, opciones que mantienen la línea de sofisticación sin perder la conexión con las tradiciones culinarias sudamericanas.
Una carta de bebidas que vale la pena explorar
El programa de bebidas de Cafe Bar J.F. merece mención aparte. Sus cocteles spirit-forward (con protagonismo del licor base) se complementan con los llamados «combinados», bebidas de solo dos ingredientes populares en distintos países de América Latina, una propuesta simple pero efectiva.
La lista de vinos, por su parte, apuesta por botellas de baja intervención, incluyendo etiquetas de regiones poco exploradas en Nueva York, como el Valle de Pisco en Perú, además de una selección de vinos oxidativos para los paladares más aventureros.
Servicio cálido en un ambiente sofisticado
A pesar de su atmósfera elegante y algo reservada, el servicio en Cafe Bar J.F. se destaca por ser atento y cálido, un equilibrio que no siempre es fácil de lograr en restaurantes de este nivel. El local es completamente accesible para sillas de ruedas, tanto en el comedor como en los baños, y acepta reservaciones, funcionando exclusivamente en horario nocturno para la cena.
Lo que dice la crítica especializada
El New York Times otorgó a Cafe Bar J.F. dos estrellas, calificación que en la escala del periódico equivale a «muy bueno», un peldaño por debajo de «excelente» pero claramente por encima del promedio de restaurantes en la ciudad. Es un reconocimiento significativo considerando la intensa competencia gastronómica que caracteriza a Nueva York, y particularmente a Brooklyn.
¿Vale la pena la visita?
Con precios que lo ubican en la categoría $$$ (caro) y platos que van desde los $8 hasta los $96, Cafe Bar J.F. no es una opción económica para una cena casual. Sin embargo, para quienes buscan una experiencia gastronómica memorable que honre con autenticidad y creatividad las tradiciones culinarias de Chile y Perú, este nuevo rincón de Williamsburg representa una de las aperturas más interesantes de la temporada en la escena culinaria latina de Nueva York.
Para la comunidad hispana que vive en o visita la ciudad, Cafe Bar J.F. ofrece algo particularmente valioso: la oportunidad de ver la cocina sudamericana reconocida al más alto nivel por la crítica gastronómica estadounidense, sin perder ni un ápice de su identidad cultural en el proceso.
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