La perspectiva de reconstruir la Franja de Gaza es desoladora. Es un reto que se considera «peor que empezar desde cero». Las Naciones Unidas (ONU) estimaron el nivel de destrucción. Los daños actuales se acercan a los setenta mil millones de dólares. Miles de gazatíes regresan a sus hogares en ruinas.
El nivel general de destrucción en la Franja es del ochenta y cuatro por ciento. En algunos sectores, la devastación es aún mayor. Por ejemplo, en Ciudad de Gaza, alcanza el noventa y dos por ciento. El profesor Andreas Krieg del King’s College lo explicó. No se empieza en la arena, sino sobre escombros colosales.
La guerra ha creado una cantidad masiva de escombros. Se calcula que hay cerca de sesenta millones de toneladas de desechos. Estas pilas de concreto no son solo restos de edificios. También contienen restos humanos y bombas sin explotar. Esto complica y ralentiza el proceso de limpieza urgente.
Cualquier reconstrucción debe comenzar por limpiar los escombros. Los lugares bombardeados deben hacerse seguros primero. Esto es fundamental desde la perspectiva humana y de seguridad. Los expertos señalan un proceso de selección. El concreto sobrante debe pulverizarse para reutilizarlo.
Para una reconstrucción a gran escala se requiere mucha logística. Los materiales importados son necesarios en grandes cantidades. No bastará con camiones cruzando fronteras. Se debe construir un puerto de aguas profundas primero. Esto permitirá la llegada de miles de contenedores de ayuda.
El restablecimiento de servicios esenciales es otra prioridad. El agua potable es la necesidad más inmediata de los gazatíes. Más del setenta por ciento de las plantas de tratamiento de agua fueron destruidas. La escasez de agua potable es crítica. El tratamiento de aguas residuales también es crucial.
El daño a estos sistemas causa brotes de enfermedades. Hay un riesgo muy alto de diarrea y cólera en algunas áreas. Los daños ascienden a los mil millones de dólares. Se necesitan cincuenta millones solo para el veinte por ciento de la población. Esto es para que tengan acceso al agua potable.
La reconstrucción de la vivienda tomará décadas. Después de conflictos anteriores, el ingreso de materiales fue lento. Esto fue porque Israel no permitía el ingreso. Los materiales podían tener un doble propósito militar. Si se reconstruye de la manera anterior, tomaría al menos ochenta años.
La infraestructura energética también está colapsada. Más del ochenta por ciento de la infraestructura fue destruida. La planta generadora no funciona por falta de combustible. Los servicios esenciales dependen de generadores con diésel. El sector agrícola también sufrió grandes pérdidas. Más del noventa y siete por ciento de los cultivos arbóreos fueron dañados.
La reconstrucción de las escuelas es igualmente esencial. Los colegios fueron usados como refugios por civiles. Aproximadamente la mitad de la población es menor de dieciocho años. Más del noventa y un por ciento de los edificios escolares requieren obras. La destrucción de las universidades ha sido sistemática. El reto de la reconstrucción es un desafío histórico.

