Fotografía de archivo de personas caminando por una calle oscura en La Habana (Cuba). EFE/Ernesto Mastrascusa

La ofensiva de Estados Unidos contra la “flota fantasma” que mueve el petróleo venezolano ya tiene una primera gran damnificada visible: Cuba, que ve desplomarse los envíos de crudo desde su principal aliado en plena crisis económica y energética. Washington aprieta el cuello a Caracas, pero es La Habana la que se queda sin resuello, atrapada entre la dependencia del petróleo venezolano, la falta de divisas para comprar combustible en el mercado y los efectos de un bloqueo petrolero que no controla.

De la “cooperación bolivariana” al desabastecimiento de crudo

Todo arranca en el año 2000, con el Convenio Integral de Cooperación Cuba–Venezuela, que selló la alianza entre Hugo Chávez y el castrismo: Caracas pagaba con petróleo los servicios de médicos, maestros, asesores de seguridad y otros profesionales enviados por La Habana. En los mejores años de ese esquema, Cuba llegó a recibir alrededor de 100.000 barriles diarios, cifra que luego cayó a un rango de 70.000–80.000 barriles por día, hasta situarse actualmente en unos 50.000 barriles como promedio estimado.

El problema es que la isla necesita entre 110.000 y 120.000 barriles diarios para sostener su sistema eléctrico, el transporte y parte de la actividad industrial, y su producción interna ronda apenas los 40.000 barriles diarios. Ese hueco de 50.000 barriles se traducía ya en apagones de hasta 20 horas diarias, industrias paralizadas, colas interminables en las gasolineras y una economía prácticamente en recesión permanente; ahora, con el cerco a los tanqueros venezolanos, esa brecha se agrava todavía más.

Bloqueo a la flota fantasma: menos buques, menos petróleo para la isla

La nueva fase de presión de EE UU se centra en bloquear y confiscar buques de la flota fantasma venezolana, esos tanqueros que navegan con transpondedores apagados, banderas de conveniencia y empresas de papel para ocultar cargamentos de crudo venezolano, ruso o iraní. Con el anuncio de Donald Trump de un bloqueo total y absoluto a los petroleros sancionados que entren o salgan de Venezuela, la capacidad de PDVSA para enviar petróleo a socios políticos como Cuba se reduce drásticamente.

Expertos citados por agencias internacionales señalan que la caída de exportaciones venezolanas ya se siente en todo el Caribe y que Cuba es el eslabón más frágil, porque depende del crudo de Caracas para sostener una red eléctrica envejecida, termoeléctricas ineficientes y un transporte que ya estaba colapsado. Moscú ha ayudado algo: este 2025 ha enviado unos 6.000 barriles diarios de crudo y diésel, incluyendo un reciente petrolero ruso con 330.000 barriles rumbo a la isla, pero esos aportes son claramente insuficientes para cubrir el agujero que dejan los cargamentos venezolanos que ahora están en riesgo o se desploman.

La Habana acusa “piratería” y aplica la narrativa Monroe al caso

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba denunció que la confiscación de un petrolero con crudo venezolano por parte de EE UU constituye un acto de “piratería y terrorismo marítimo” y encaja en la aplicación del “corolario Trump de la Doctrina Monroe”, es decir, la pretensión de que América Latina sea el patio trasero de Washington. Según la Cancillería cubana, estas acciones “repercuten negativamente en Cuba y recrudecen la política de máxima presión y asfixia económica”, con impacto directo sobre el sistema energético nacional y la vida diaria del pueblo, que ya sufre apagones masivos y escasez crónica.

La declaración oficial recuerda que, ya en el primer mandato de Trump, se adoptaron medidas para perseguir barcos que transportaban combustible venezolano a Cuba, y que ahora esa política se agrava con uso de fuerza militar y bloqueos en alta mar para impedir que el crudo venezolano llegue a la isla. Además, La Habana insiste en que un tercio del petróleo que consume el país proviene de Venezuela, pagado principalmente con servicios profesionales, por lo que el cerco a esos suministros representa un golpe directo al corazón de su modelo de intercambio.

Crisis interna: más apagones, menos producción y cero divisas

La combinación de crisis estructural interna y presiones externas deja a Cuba en un escenario crítico: el país no dispone de divisas suficientes para comprar en el mercado internacional los barriles que ya no llegan de Venezuela, ni cuenta con un sistema productivo capaz de generar exportaciones a la escala necesaria. El resultado es una tormenta perfecta: apagones que ya superan las 20 horas diarias en amplias zonas, industrias que suspenden turnos, deterioro acelerado de los servicios públicos y un malestar social que se suma a la migración masiva de cubanos hacia Estados Unidos y otros países.

Analistas como el politólogo Arturo López-Levy advierten, sin embargo, que no se debe subestimar la capacidad de resistencia y resiliencia del sistema cubano, que ha sobrevivido a décadas de embargo y crisis sucesivas. Aun así, reconocen que la actual combinación de bloqueo petrolero a Venezuela, crisis interna cubana y riesgo de escalada militar en el Caribe coloca a la isla en uno de sus momentos más delicados desde la desaparición de la Unión Soviética.

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