Argentina aprovechó la sesión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para dejar una posición sin matices: apoya el ataque de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, al que califica como jefe de un “régimen ilegítimo” y amenaza directa para el continente. El embajador argentino ante la ONU, Francisco Tropepi, habló en nombre del gobierno de Javier Milei y afirmó que lo ocurrido con la operación militar estadounidense y la detención del exmandatario venezolano representa un paso clave contra el narcoterrorismo en la región.

El Gobierno de la República Argentina valora la decisión y la determinación demostradas por el presidente de Estados Unidos y por su Gobierno en las recientes acciones adoptadas en Venezuela que derivaron en la captura del dictador Nicolás Maduro”, dijo Tropepi, citando y reforzando las declaraciones previas de Milei. Buenos Aires sostiene que la operación debe leerse no solo como un cambio en Venezuela, sino como un mensaje contra los regímenes autoritarios que combinan represión interna, corrupción y redes criminales transnacionales.

El representante argentino subrayó que, para su país, el chavismo no ha sido únicamente un problema interno venezolano. “El régimen de Nicolás Maduro no solo ha constituido una amenaza directa para los ciudadanos venezolanos por la violación sistemática de los derechos humanos, la apropiación de los recursos del país y la destrucción de las instituciones democráticas, sino también para toda la región, al liderar y exportar sus redes de narcotráfico y crimen organizado”, afirmó. Con esa frase, Argentina alineó su discurso con el de Washington, que lleva años acusando a la cúpula chavista de narcoterrorismo y de usar al Estado venezolano como plataforma del delito.

Tropepi añadió que su gobierno “confía que estos acontecimientos representen un avance decisivo contra el narcoterrorismo” y que al mismo tiempo abran una etapa en la que el pueblo venezolano pueda “recuperar plenamente la democracia, el imperio de la ley y el respeto de los derechos humanos”, siempre “de conformidad con los principios de derecho internacional”. Al mismo tiempo, destacó que la captura de Maduro debería servir para poner fin a la opresión de un régimen autoritario que hundió al país en la pobreza y empujó al exilio a unos ocho millones de venezolanos, según cifras que manejan organismos internacionales.

El embajador habló también de los retos que se abren tras la operación militar, al advertir que el continente enfrenta un “doble desafío”: acompañar una transición democrática genuina en Venezuela y al mismo tiempo contribuir al restablecimiento duradero de la paz y la seguridad regional. Ante ese escenario, aseguró que Argentina está “lista y dispuesta a colaborar” y ratificó el compromiso del gobierno de Milei con el “pleno retorno de la institucionalidad y el Estado de derecho” en el país caribeño, así como su determinación de seguir luchando contra el narcoterrorismo y quienes lo financian.

En un guiño más específico, Tropepi pidió a las autoridades venezolanas a cargo de la transición que contribuyan a la liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo, detenido desde diciembre de 2024 tras entrar por tierra desde Colombia. Para Buenos Aires, la caída de Maduro abre una oportunidad no solo para reordenar el tablero político venezolano, sino también para resolver casos concretos que afectan directamente a ciudadanos argentinos, en un contexto donde el chavismo deja de ser interlocutor y pasa a ser un régimen descabezado con su antiguo líder preso por narcotráfico en Estados Unidos.

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