El político libio Saif al Islam Gadafi, considerado durante años el heredero del régimen de Muamar Gadafi, fue asesinado en la localidad de Zintan, al noroeste de Libia, en medio de un ataque armado contra su residencia. Tenía 53 años y vivía en esa ciudad desde 2017, bajo la protección de milicias locales que lo mantuvieron años cautivo después de la caída del régimen en 2011.
Según versiones coincidentes de su entorno y de medios locales, cuatro hombres armados no identificados irrumpieron en la vivienda de Saif al Islam, apagaron las cámaras de seguridad y se produjo una “confrontación directa” antes de que fuera abatido a tiros. La oficina del fiscal general libio confirmó posteriormente que murió por heridas de bala, mientras se investigan la identidad y vínculos de los atacantes.
La noticia fue confirmada por su abogado y por Abdullah Otham/Abdullah Othman Abdurrahim, asesor político de Saif, quienes anunciaron su muerte en redes sociales y en declaraciones a medios libios, sin ofrecer de momento una versión detallada del móvil del crimen. Fuentes de seguridad citadas por la prensa, bajo condición de anonimato, también ratificaron el fallecimiento y situaron el ataque en la zona de Zintan, a unos 130–140 kilómetros de Trípoli.
Saif al Islam fue una de las figuras más controvertidas del círculo de Gadafi: llegó a presentarse como el rostro “reformista” del régimen, pero fue condenado a muerte en ausencia en 2015 por un tribunal de Trípoli por su papel en la represión de las protestas de 2011 y era reclamado por la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad. En 2021 intentó inscribirse como candidato presidencial, pero su postulación fue bloqueada y las elecciones terminaron suspendidas, en medio de la fragmentación institucional y la pugna entre gobiernos rivales.
Con su muerte, se cierra el capítulo del hijo más prominente del exdictador, al que parte de la vieja guardia veía como posible factor de retorno del gadafismo a las urnas en una Libia fracturada entre milicias y administraciones paralelas. El país sigue sumido en la inestabilidad desde el derrocamiento y asesinato de Muamar Gadafi en 2011, con un mapa político fragmentado y grupos armados que disputan el control de territorios y recursos, escenario en el que el asesinato de Saif al Islam añade una nueva capa de tensión e incertidumbre.

