¡“SE QUITAN LA BARBA, PERO NO EL MIEDO”!: Opositores vuelven a hablar y tantean hasta dónde aguanta la libertad de expresión en la Venezuela post‑Maduro

Tras la captura de Nicolás Maduro, varios líderes opositores comenzaron a salir de la clandestinidad y a alzar de nuevo la voz, probando hasta dónde llega la supuesta apertura bajo el gobierno de Delcy Rodríguez. El reportaje de AP reseña que, por primera vez en años, algunos críticos se atreven a dar entrevistas, publicar videos y participar en actos públicos, aunque todos coinciden en que el aparato represivo sigue intacto y que el principal obstáculo sigue siendo el miedo.

Velásquez y Solórzano: de la clandestinidad al desafío público

El exgobernador y dirigente opositor Andrés Velásquez contó que, tras la elección de 2024, decidió dejar de ir a actos públicos, dejarse barba, mandar a sus hijos al exilio y esconderse para no terminar preso como otros críticos. Ahora reapareció con un video donde reclama desmantelar todo el aparato represivo del Estado y advierte que va a seguir “ganando terreno y desafiando al poder”, aunque admite que todavía es “muy cauteloso” porque los cuerpos de seguridad continúan bajo control del chavismo.

La exdiputada Delsa Solórzano también narró que se ocultó no por haber cometido un delito, sino porque en Venezuela “luchar por la libertad se convirtió en un riesgo extremo para la vida y la seguridad”. Con la caída de Maduro y la promesa de amnistía, regresó al espacio público, pero advierte que la línea entre la crítica tolerada y la represalia sigue siendo delgada y depende de decisiones políticas en Miraflores.

Medios y ciudadanos: protestas, testimonios y “bozal” roto

El reportaje destaca que familiares de presos políticos han empezado a protestar abiertamente frente a las cárceles, algo impensable hace unos meses, y que varios excarcelados están rompiendo las órdenes de silencio que les impusieron como condición para salir. Es el caso de un preso liberado en enero, acusado sin pruebas de un supuesto complot para asesinar a Maduro, que decidió relatar las torturas y abusos que sufrió, pese a haber sido obligado a firmar que no hablaría: “no hablar era seguir preso; el silencio era otra forma de tortura”, dijo a AP.

Al mismo tiempo, algunos medios de comunicación comienzan a “probar músculo”. El texto cita que Venevisión, que durante años evitó contenidos críticos, volvió a dar cobertura a las actividades de María Corina Machado, incluyendo su agenda en Washington tras la captura de Maduro. Incluso en la televisión estatal, tradicional bastión propagandístico, se vio una escena inédita: Delcy Rodríguez fue interpelada por estudiantes en una universidad de Caracas; aunque el canal maquilló el hecho y no transmitió sus reclamos, la sola imagen de la mandataria escuchando críticas en pantalla estatal habría sido “impensable” semanas atrás.

¿Apertura real o “migajas” de libertad?

Para Pedro Vaca, relator de libertad de expresión de la CIDH, lo que ofrece el nuevo gobierno son apenas “migajas”: pequeños gestos de tolerancia, sin cambios estructurales en el Poder Judicial, Fiscalía ni cuerpos de seguridad. AP recuerda que los informes recientes de organizaciones como RSF y Human Rights Watch siguen registrando detenciones arbitrarias, bloqueos digitales, censura y autocensura generalizada, lo que refuerza la idea de que la libertad de expresión “sigue bajo tutela”.

En palabras de Velásquez, la oportunidad es real, pero frágil: “se abrió una ventana y no podemos dejar que la cierren otra vez; el reto es vencer el miedo”. Mientras tanto, cada declaración opositora, cada protesta de familiares y cada entrevista crítica se convierten en un experimento en vivo sobre cuánto está dispuesto a permitir el chavismo —y hasta dónde presionará la comunidad internacional— en esta nueva etapa.

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