La cúpula militar de Irán habría sufrido uno de sus golpes más duros en años tras una ofensiva conjunta de Israel y Estados Unidos que, según fuentes de inteligencia y despachos de agencias internacionales, dejó entre las víctimas al ministro de Defensa iraní, Amir Nasirzadeh, y al poderoso comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammed Pakpour. Aunque al cierre de esta nota Teherán no ha emitido una confirmación oficial, varias fuentes ligadas al aparato militar israelí y a servicios regionales dan por muertos a ambos altos mandos, lo que eleva al máximo la tensión en un Medio Oriente ya al borde de una confrontación abierta.
De acuerdo con reportes citados por Reuters y medios de la región, los bombardeos se produjeron en la madrugada del sábado 28 de febrero, contra múltiples objetivos en territorio iraní, incluyendo instalaciones militares y presuntos centros de mando donde altos responsables políticos y de seguridad mantenían reuniones de coordinación. Fuentes familiarizadas con las operaciones israelíes indicaron que se trató de ataques de alta precisión, parte de una ofensiva descrita en algunos medios como un intento de “decapitación” de la cúpula militar iraní.
La información difundida por Vanguardia, Cadena 3, medios de Oriente Medio y portales internacionales coincide en los nombres: Amir Nasirzadeh, ministro de Defensa, y Mohammed Pakpour, comandante de la Guardia Revolucionaria, figuran entre las víctimas mortales “probables” de la ofensiva. Según esas fuentes, ambos habrían muerto cuando misiles impactaron búnkeres y centros de reunión donde se coordinaba la respuesta militar iraní frente a la creciente presión de Tel Aviv y Washington.
El ejército israelí afirmó que los ataques se dirigieron contra “sitios en Teherán donde altos cargos políticos y de seguridad iraníes se encontraban reunidos”, en el marco de lo que describió como una operación para “eliminar las amenazas que se ciernen sobre el Estado de Israel”. Un comunicado difundido en la red X aseguró que se golpearon “varios puntos simultáneamente” y que la evaluación de los resultados seguía en curso, mientras se advertía de la posibilidad de que la campaña se “expanda”.
La ofensiva también habría tenido como objetivo infraestructuras vinculadas a la arquitectura militar y nuclear iraní, lo que refuerza la lectura de que no se trata de un intercambio limitado, sino de un paso más en la escalada estratégica entre Teherán y el eje Washington–Jerusalén. Informes complementarios apuntan a que, además de Nasirzadeh y Pakpour, habrían sido atacadas residencias y centros de mando asociados al líder supremo Ali Jameneí y al presidente Masoud Pezeshkian, aunque no hay confirmación de bajas en esas figuras.
Desde Irán, el discurso ha sido más cauteloso. Medios regionales recogen que, consultado sobre el estado de Jameneí, el ministro de Exteriores Abas Araqchí declaró que el líder supremo “sigue vivo, hasta donde yo sé”, en una entrevista con NBC News, al tiempo que Teherán reconocía la muerte de algunos mandos sin confirmar de forma directa los nombres de Nasirzadeh y Pakpour. Esta ambigüedad alimenta la batalla informativa: mientras fuentes occidentales dan por “eliminados” a los altos cargos, el régimen iraní parece ganar tiempo antes de admitir públicamente la magnitud del golpe.
En Israel, el gobierno de Benjamin Netanyahu declaró un “estado de emergencia especial e inmediato” ante el temor de represalias masivas por parte de Irán y sus aliados en la región. Sirenas antiaéreas han sonado de forma recurrente en varias ciudades y el discurso oficial califica la situación de “extremadamente grave”, en previsión de una oleada de misiles y drones contra territorio israelí. Fuentes militares israelíes insisten en que el objetivo de la operación es disuadir y degradar la capacidad de respuesta iraní, al impactar directamente su cadena de mando militar.
Por su parte, Irán habría iniciado ya una contraofensiva con misiles y drones apuntando a objetivos israelíes y, potencialmente, a bases vinculadas a Estados Unidos en la región, lo que aumenta el riesgo de desbordamiento hacia una guerra abierta. Analistas consultados por medios internacionales advierten que el vacío de liderazgo que dejaría la muerte simultánea del ministro de Defensa y del jefe de la Guardia Revolucionaria puede generar descoordinación interna en Teherán, pero también presión para una respuesta contundente que salve la imagen de fortaleza del régimen.
La agencia Reuters y otros medios destacan que esta ofensiva, sumada a acciones previas, apunta a la “arquitectura política, militar y nuclear” de Irán, no solo a instalaciones puntuales. Se trataría de un intento de reconfigurar el equilibrio de fuerzas en Oriente Medio mediante golpes quirúrgicos a los principales responsables de la estrategia militar iraní, en un momento en que el país persa ha incrementado su apoyo a grupos armados en distintos frentes.
En este escenario, el dato clave es que, al menos en la narrativa de Israel y de fuentes de inteligencia aliadas, Amir Nasirzadeh y Mohammed Pakpour ya figuran como “altos cargos eliminados”, lo que representa un impacto simbólico y operativo de primer orden para la estructura de defensa iraní. Falta ahora ver si Teherán termina confirmando oficialmente las muertes y, sobre todo, cómo y cuándo decide responder, en un tablero donde cada movimiento puede empujar la región un paso más cerca de una guerra directa entre Estados.

