La República Islámica de Irán entró oficialmente en fase de transición tras la muerte del ayatolá Ali Jameneí, y puso en marcha el mecanismo previsto en su Constitución: un consejo colegiado de liderazgo asumirá temporalmente las funciones del líder supremo mientras la Asamblea de Expertos elige a su sucesor en pleno fuego cruzado de misiles con Israel y Estados Unidos.
Según informaron la agencia estatal IRNA y otros medios iraníes, el mando provisional recae en un órgano de tres miembros integrado por el presidente Masud (Masoud) Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial, Gholamhosein Mohseni-Ejei, y un jurista del Consejo de Guardianes, tal como establece el artículo 111 de la Constitución para los casos de vacancia del líder supremo. Ese consejo “asumirá todas las funciones de liderazgo” hasta que el órgano religioso encargado de la sucesión, la Asamblea de Expertos, escoja al nuevo máximo dirigente político y espiritual del país.
La transición se activa en un contexto excepcional: Jameneí, que llevaba casi 37 años en el cargo, murió el sábado en su residencia oficial en Teherán durante los bombardeos coordinados de Israel y Estados Unidos contra objetivos políticos y militares iraníes. La televisión estatal confirmó el fallecimiento y anunció un período de 40 días de luto oficial y siete días festivos nacionales, mientras las autoridades prometen una “gran operación militar de venganza” contra los responsables del ataque.
El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, explicó que la creación del consejo colegiado es una medida “estrictamente apegada a la legalidad vigente” para evitar un vacío de poder y garantizar continuidad del Estado. Destacó que la inclusión de representantes del Ejecutivo, la Judicatura y el Consejo de Guardianes busca un equilibrio entre los principales centros de poder internos mientras dura la transición.
En paralelo, fuentes iraníes y medios internacionales señalan que el clérigo Alireza Arafi, miembro influyente del Consejo de Guardianes y figura de peso en el aparato religioso, ha sido designado como parte del esquema de liderazgo interino y es mencionado como candidato con opciones para convertirse en nuevo líder supremo. La Gaceta y otros medios describen su nombramiento como una jugada del régimen para asegurar continuidad ideológica mientras se reordena el tablero tras la muerte de Jameneí y de otros jerarcas, como el jefe de la Guardia Revolucionaria, Mohamad Pakpur, y el secretario del Consejo de Defensa, Ali Shamjani, también fallecidos en los ataques.
La Asamblea de Expertos, compuesta por 88 clérigos chiíes, tiene ahora la tarea central de elegir al nuevo líder supremo “tan pronto como sea posible”, según exige la Constitución. Este órgano, cuyos miembros son elegidos cada ocho años pero preseleccionados por el propio Consejo de Guardianes, deberá evaluar perfiles y corrientes internas en medio de una situación límite: el país bajo bombardeo, la cúpula militar descabezada y un frente interno donde el régimen teme intentos de desestabilización o secesión.
Larijani advirtió que Estados Unidos e Israel intentan “explotar y fracturar Irán” aprovechando el momento de sucesión, y lanzó un mensaje directo a “grupos secesionistas” dentro del país, a los que amenazó con “severas repercusiones” si intentan aprovechar la coyuntura. “Los valientes soldados y la nación resiliente de Irán darán una lección inolvidable a los opresores mundiales”, afirmó, en un discurso cargado de retórica nacionalista y religiosa.
Mientras el consejo de transición gestiona el día a día del Estado, las fuerzas armadas iraníes han intensificado su narrativa bélica. Autoridades han prometido sancionar “con toda la rigurosidad del sistema legal y militar” a los autores materiales e intelectuales de los bombardeos, al tiempo que lanzan misiles contra Israel y bases estadounidenses en Qatar, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos e Irak, en lo que describen como el inicio de una ofensiva por etapas.
Analistas citados por medios como El Demócrata, Reporte Índigo y The Times of Israel destacan que el mecanismo de sucesión, aunque previsto en la Constitución, nunca se había activado en cuatro décadas, por lo que existe un alto grado de opacidad sobre cómo se tomarán en la práctica las decisiones finales. Además del nombre de Arafi, algunos observadores apuntan a Mojtaba Jameneí, hijo del líder fallecido, como posible aspirante de la línea dura, aunque no hay confirmación oficial ni consenso claro.
En este cuadro, el nuevo consejo de transición tendrá que navegar simultáneamente tres frentes: el militar, frente a los ataques externos; el político‑institucional, para mantener cohesionado al régimen; y el religioso, para garantizar que la elección del próximo líder supremo no fracture al establishment chií. De cómo se resuelva esa triple ecuación dependerá no solo la forma que adopte el poder en Irán después de Jameneí, sino también el rumbo de una región que hoy vuelve a estar al borde de una guerra de gran escala.

