Teherán sigue bajo fuego. Israel lanzó este domingo un nuevo ataque sobre Irán, en el segundo día de una ofensiva que ya se describe como guerra abierta, mientras las autoridades iraníes anunciaron el inicio de una “segunda fase” de lanzamientos de misiles contra países del Golfo y bases estadounidenses en la región. La tensión, que se disparó tras la muerte del líder supremo Ali Jameneí en un bombardeo atribuido a la aviación israelí, no muestra señales de enfriamiento: cada nueva andanada de misiles tiene respuesta inmediata del lado contrario.
Según el seguimiento en vivo de DW, la capital iraní continúa siendo blanco de bombardeos israelíes, mientras en paralelo el Estado Mayor iraní informó del lanzamiento de nuevos misiles contra bases de Estados Unidos en países del Golfo Pérsico y en la región del Kurdistán iraquí. “Hace unos momentos, los pilotos de la Fuerza Aérea del Ejército de la República Islámica de Irán bombardearon con éxito, en varias etapas, bases estadounidenses en países del Golfo Pérsico y en la región del Kurdistán iraquí”, indicó un comunicado castrense citado por la agencia EFE. El texto advirtió que “todos los centros de mando enemigos en la región están al alcance” de los aviones de combate iraníes.
Del lado israelí, la situación tampoco es de calma. DW reporta que las sirenas de alerta de ataque aéreo volvieron a activarse este domingo en varias zonas del país, incluida Jerusalén, tras el lanzamiento de nuevos misiles desde Irán hacia territorio israelí. El Ejército confirmó que se detectaron proyectiles y aseguró que la Fuerza Aérea está actuando para interceptar y atacar las amenazas cuando sea necesario para neutralizarlas. Vecinos de Jerusalén informaron de fuertes explosiones, producto de la intercepción y del impacto de algunos artefactos.
En este contexto, la ofensiva israelí sobre Irán se mantiene al ritmo anunciado por el primer ministro Benjamín Netanyahu, quien ya había advertido que la campaña continuaría “tantos días como sea necesario” tras la primera oleada de ataques. La aviación militar israelí se atribuyó la muerte del líder supremo Ali Jameneí y el asesinato de hasta 40 altos mandos iraníes, incluidos comandantes de la Guardia Revolucionaria, durante la operación “Rugido de León”. En un comunicado, las Fuerzas de Defensa de Israel aseguraron haber desmantelado la mayoría de los sistemas de defensa aérea en el oeste y centro de Irán, para “allanar el camino hacia el establecimiento de la superioridad aérea sobre los cielos de Teherán”.
La agencia iraní Fars, cercana a la Guardia Revolucionaria, informó de “varias explosiones masivas” en áreas de Teherán donde se ubican sedes de ministerios e instituciones clave, aunque hasta el momento no se ha publicado un balance detallado de víctimas. Imágenes difundidas por televisión muestran columnas de humo elevándose desde diferentes puntos de la capital, mientras cientos de miles de personas participan en ceremonias de duelo por Jameneí y prometen venganza.
La respuesta iraní no se limita a Israel. Infobae y otros medios detallan que, además de los misiles lanzados directamente contra territorio israelí, Irán ha atacado bases estadounidenses en Qatar, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos e Irak, en lo que presenta como una ampliación del frente de batalla contra el “eje Trump‑Netanyahu”. El presidente iraní Masoud Pezeshkian calificó la muerte de Jameneí como “un crimen que no quedará sin respuesta” y la Guardia Revolucionaria prometió una ofensiva “más feroz que cualquier otra en la historia” contra objetivos israelíes y estadounidenses.
Mientras Irán vela el cadáver de Jameneí y completa el triunvirato que pilotará el país con el nombramiento del clérigo Alireza Arafi como nueva figura central del régimen, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó un mensaje de advertencia: prometió atacar a Irán con “una fuerza nunca antes vista” si cumple sus amenazas de venganza. “Más les vale no hacerlo”, dijo en su red social, en una línea que recuerda sus advertencias contra Corea del Norte años atrás.
Analistas consultados por DW, El País y otros medios señalan que la región ha entrado en una fase de altísima inestabilidad, con riesgo real de una guerra regional de gran escala. Israel asegura que su operación busca “prevenir una amenaza existencial” derivada del programa nuclear iraní, mientras fuentes de la ONU siguen sin ver pruebas concluyentes de que Teherán estuviera a punto de fabricar una bomba atómica operativa. Irán, por su parte, enmarca los bombardeos como un intento de “derrocar al régimen islámico” y ha elevado el tono religioso y nacionalista de su respuesta.
Por ahora, el hecho concreto es que Teherán amanece de nuevo bajo bombardeos israelíes, Israel vuelve a escuchar sirenas y explosiones, y las bases militares de Estados Unidos en el Golfo se convierten en objetivo declarado de la Fuerza Aérea iraní. Cada nuevo comunicado militar de uno y otro lado confirma que esta guerra, desatada a golpe de misiles y drones, está lejos de haber dicho su última palabra.

