José Luis Rodríguez Zapatero aseguró ante el Senado español que nunca ha cobrado por sus gestiones de “diálogo” en Venezuela y que toda su actividad vinculada al país ha sido “pro bono”, sin ingresos del gobierno de Nicolás Maduro ni de la estatal PDVSA. El expresidente del Gobierno compareció en la comisión de investigación del caso Koldo, donde el Partido Popular lo citó para preguntarle por sus presuntas conexiones con el rescate de la aerolínea Plus Ultra y por sus años de intermediación política en Caracas.
Zapatero afirmó que ha dedicado “miles de horas” de su vida a la mediación en Venezuela sin percibir “nada de nada” a cambio y que su labor se ha centrado en promover el diálogo y facilitar la liberación de presos políticos. Aseguró que, en todo ese tiempo, no ha recibido dinero del Estado venezolano ni de empresas públicas vinculadas al chavismo, y que su presencia en procesos como las excarcelaciones forma parte de una gestión “a coste cero”.
En su intervención, el exmandatario intentó blindar su papel al recordar que ha intervenido ante distintos actores para lograr la salida de centenares de detenidos, incluidos casos en los que viajó para trabajar por la liberación de un solo prisionero. Detalló que, entre viajes de trabajo y participación en foros internacionales, ha realizado más de 170 desplazamientos al exterior en los últimos años, “una o dos veces al año de media” a Venezuela, inicialmente con vuelos directos a Caracas y, después, haciendo escala en República Dominicana cuando el contexto se volvió más tenso.
Zapatero también aprovechó la comparecencia para negar cualquier implicación en el rescate de Plus Ultra, una de las piezas centrales del caso Koldo. Sostuvo que no tuvo reuniones para gestionar el salvataje de la aerolínea, que no se ha lucrado de esa operación y que las informaciones que lo presentan como facilitador de ese proceso son “falsedades enormes”, dirigidas —según él— a erosionar su reputación como expresidente.
El exjefe del Ejecutivo socialista intentó desmarcarse también de figuras señaladas en la trama, como el comisionista Víctor de Aldama. Aseguró que su relación con él es “cero”, que solo coincidieron una vez en un vuelo entre Caracas y República Dominicana durante poco más de una hora y que nunca más volvieron a tener contacto, ni siquiera intercambio de teléfonos, por lo que considera exagerado que se le quiera vincular a negocios o gestiones en su nombre.
Sobre los supuestos beneficios económicos ligados a Venezuela, Zapatero insistió en que no ha montado sociedades opacas ni ha recibido minas de oro ni otros activos del chavismo, como se le llegó a atribuir en publicaciones y declaraciones de antiguos jefes de inteligencia. Para reforzar ese punto, citó una carta manuscrita de Hugo “el Pollo” Carvajal en la que, según dijo, el exjefe de los servicios de inteligencia venezolanos negaba haber tenido conocimiento real de esas supuestas entregas, lo que el exmandatario utilizó para calificar las acusaciones de “patraña absoluta”.
El expresidente sí admitió que, en paralelo a su papel como mediador en distintos escenarios, ha trabajado como consultor para empresas privadas, pero defendió que se trata de actividades plenamente transparentes y declaradas fiscalmente. Explicó que cobra alrededor de 70.000 euros brutos al año por su trabajo en la firma Análisis Relevante, como autónomo, y que la compañía de sus hijas ha realizado labores de marketing para esa consultora, insistiendo en que esos ingresos no guardan relación con el gobierno venezolano ni con negocios ligados a Caracas.
Zapatero se quejó de la “toxicidad” del debate político en torno a su figura y comparó el trato que dice recibir ahora con la actitud que él mantuvo frente a otros expresidentes, como José María Aznar o Mariano Rajoy. Recordó que incluso salió públicamente en defensa de Aznar cuando fue insultado por Hugo Chávez, alegando que su sentido de Estado le impedía tolerar ataques a quien ha ocupado la jefatura del Gobierno, sin importar el partido, y lamentó que ese mismo estándar no se le reconozca hoy a él.
En lo que respecta a Venezuela, el exmandatario volvió a presentar su intervención como un esfuerzo a largo plazo cuyo impacto —afirmó— terminará valorándose “en semanas o meses”, especialmente por el número de presos políticos que han recuperado la libertad. Al mismo tiempo, mantuvo la línea de negar cualquier lucro personal, resumida en su frase de que no ha recibido “nada de nada” del Gobierno de Maduro, pese a años de viajes, reuniones y gestiones en nombre del “diálogo” venezolano.

