Estados Unidos. ¿Recuerda cuando toda la oficina hablaba del mismo programa de televisión al día siguiente de su estreno? Esa época, según el propio New York Times, prácticamente ha desaparecido. Mientras algunos colegas debaten sobre «Fleabag» en la sala de descanso, otros ni siquiera saben de qué se trata, prefieren «Borgen» o están completamente enganchados con «RuPaul’s Drag Race». Esta fragmentación es precisamente el punto de partida de una de las listas más ambiciosas que el periódico ha publicado en años: los 100 mejores programas de televisión del siglo XXI.
Para la audiencia hispana en Estados Unidos, que consume televisión a través de una mezcla cada vez más diversa de plataformas de streaming, cable y contenido en español e inglés, esta lista ofrece una oportunidad interesante: entender cómo ha cambiado radicalmente la forma en que todos, sin importar el idioma, consumimos historias en pantalla.
De las antenas de conejo a la explosión del streaming
El contraste que plantea el Times es contundente. Hace apenas un par de décadas, la televisión estadounidense se veía a través de antenas de conejo, y prácticamente todo el país debatía sobre el mismo episodio de series icónicas como «Dallas». Hoy, ese consenso cultural masivo se ha vuelto prácticamente imposible de lograr.
El motivo es simple: la cantidad de contenido disponible se multiplicó dramáticamente. En el año 2002, Estados Unidos producía apenas 182 series originales dirigidas a audiencias adultas. Durante el punto máximo de producción televisiva, esa cifra llegó a 600 series simultáneas, un crecimiento de más del 300% en poco más de dos décadas.
«Todos pertenecemos a diferentes tipos de personas»
Esta frase, pronunciada por el columnista Wesley Morris, resume perfectamente el fenómeno cultural que atraviesa la televisión contemporánea. Ya no existe «la audiencia» como bloque homogéneo; en su lugar, hay múltiples audiencias con gustos completamente distintos, cada una gravitando hacia sus propios géneros de nicho.
El ejemplo que ofrece el propio periódico resulta revelador: mientras algunos espectadores siguen fielmente cada temporada de «Succession», el drama sobre una familia de magnates mediáticos, otros nunca han visto un solo episodio de «Gilmore Girls» pero sí han consumido los más de 380 episodios de «Deadliest Catch», la serie documental sobre pescadores de cangrejo en aguas de Alaska.
Este fenómeno no es exclusivo del entretenimiento: refleja una fragmentación cultural y política más amplia que caracteriza a la sociedad estadounidense actual, donde encontrar puntos de encuentro comunes se ha vuelto cada vez más difícil, ya sea en la conversación sobre televisión o en casi cualquier otro tema de conversación nacional.
El top 20, revelado; el número uno, un misterio
El New York Times decidió revelar únicamente el top 20 de su lista completa de 100 programas, dejando deliberadamente sin anunciar cuál ocupa el primer lugar, con el objetivo explícito de evitar spoilers y generar expectativa entre los lectores antes de que puedan explorar la lista completa por su cuenta.
Esta estrategia de revelación parcial no solo genera intriga, sino que también invita a la audiencia a formar sus propias opiniones antes de conocer el veredicto final del panel de expertos consultado por el periódico.
Cómo acceder a la lista completa
Para quienes deseen consultar el ranking completo de los 100 programas, el acceso está disponible de dos formas: los suscriptores del New York Times pueden consultarla directamente, mientras que quienes no cuentan con suscripción pueden descargar la aplicación del Times, que ofrece un mes de acceso gratuito tanto a esta lista como al resto del periodismo del medio.
Prepárese para no estar de acuerdo con todo
El propio periódico advierte a sus lectores sobre lo que probablemente experimentarán al revisar la selección: «Probablemente tendrás opiniones sobre las selecciones. Yo ciertamente las tengo», escribió uno de sus columnistas, anticipando que la lista generará tanto acuerdo como sorpresa.
Un dato que ya ha llamado la atención de los primeros lectores es que, a pesar de sus más de 380 episodios y su devoto grupo de seguidores, «Deadliest Catch» no logró un lugar en la selección final, un ejemplo perfecto de cómo un programa puede tener una audiencia leal y sostenida sin necesariamente ser considerado, según criterios críticos, entre lo «mejor» de las últimas dos décadas.
Un reflejo de cómo cambiamos la forma de ver televisión
Más allá de los nombres específicos que aparezcan en el ranking, lo que esta lista realmente documenta es una transformación cultural profunda: pasamos de un puñado de programas que definían la conversación nacional a un universo fragmentado donde el streaming, los algoritmos de recomendación y la multiplicación de plataformas han creado comunidades de espectadores paralelas, cada una con sus propios referentes culturales.
Para las familias hispanas que hoy navegan entre Netflix, HBO Max, Disney+ y canales de televisión tradicional, esta fragmentación probablemente resulta muy familiar: la generación más joven consume contenido completamente distinto al que ven sus padres o abuelos, reflejando exactamente la misma dinámica que el New York Times documenta a nivel nacional en Estados Unidos.
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