¡MENÚ MADE IN CRISIS: LA CARNE QUEDÓ DE LUJO Y LA PROTEÍNA EN LA MESA AHORA SE LLAMA POLLO PICADO, HUEVOS Y CARAOTAS!

En plena crisis económica, las familias venezolanas han tenido que reordenar por completo su dieta y priorizar las proteínas más baratas. Hoy, el pollo —sobre todo el pollo picado— y los huevos dominan la mesa diaria, mientras la carne de res se ha convertido en un producto de lujo reservado para ocasiones muy puntuales.

En carnicerías de los Valles del Tuy, estado Miranda, los vendedores confirman que el producto estrella es el pollo picado, que se vende alrededor de 2.000 bolívares, unos 4,1 dólares, en promedio. “Es lo que más se vende porque es más barato que la pechuga o el muslo entero. La gente lo compra para rendirlo en guisos y sopas”, explica el carnicero Marcelo Ramírez, citado por El Pitazo.

El huevo se ha vuelto el otro gran protagonista. Aunque también ha subido de precio, sigue siendo más accesible que otras proteínas. El medio cartón se consigue entre 1.500 y 1.800 bolívares, cifra que, dividida entre raciones, permite estirar el presupuesto familiar mejor que un kilo de carne.

En los testimonios recogidos en Valles del Tuy, Florelena Pérez, madre de tres hijos en Ocumare, lo resume así: antes compraban pollo todas las semanas, ahora menos. “Nos apoyamos en las caraotas y los huevos porque son más accesibles. Sé que mis hijos necesitan proteínas para crecer sanos, pero cada día es más difícil mantener una alimentación balanceada”, lamenta. Junto a pollo y huevo, aparecen como aliados permanentes los granos —caraotas, lentejas, frijoles— y acompañantes como arroz y pasta, que ayudan a “rellenar” el plato.

A cientos de kilómetros, en Maracaibo (Zulia), el panorama es el mismo: pollo, huevos y granos sostienen la dieta. La pensionada Elba Bravo, de 81 años, cuenta que compró medio kilo de recortes de pollo para el almuerzo suyo y de su nieta, por lo que pagó 1.400 bolívares, unos 2,9 dólares al cambio oficial. “Lo que más comemos es caraotas, papa, arvejasEl almuerzo es poco y compramos pollo, arroz, pasta. Es lo que más rinde y para lo que nos alcanza”, relata a las puertas del Mercado Periférico de La Limpia.

Otro comprador, Nelson Morales, de 65 años, confirma que en su casa también optan por el pollo: “Está más económico. Compras combos de cuatro o cinco pollos por 20 dólares”, explica, una estrategia para asegurar proteína para varios días a un costo unitario menor.

En el estado Bolívar, la realidad es parecida, pero con un giro extra: muchas familias han incorporado sardinas como sustituto frecuente de otras carnes, además de huevos y granos. Una de las entrevistadas lo define sin rodeos: “Ahorita los venezolanos casi no consumimos proteína… hay que resolver con lo poquito que uno tiene y sustituir con granos”.

En Caracas, el jubilado Pedro Sánchez esperaba vivir con dignidad gracias a su pensión del Seguro Social, pero terminó atrapado en la misma ecuación: “Comer proteína todos los días es casi imposible. Se intenta, aunque a veces no se logra. Más que todo como pasta, arroz y granos; en el mejor de los casos, un pedacito de carne”, confiesa.

Los testimonios de Florelena, Johana, Elba, Nelson y Pedro dibujan el mismo cuadro: la carne de res quedó fuera del alcance. En muchos mercados el kilo supera los 10 dólares, y en algunos momentos recientes se ha cotizado entre 12 y 16 dólares, lo que obliga a buscar proteínas de menor precio o directamente a prescindir de ellas.

Detrás de estas decisiones hay un cambio profundo en los hábitos alimentarios: el pollo y el huevo, complementados con granos y harinas, permiten “medio cumplir” con la necesidad de proteína, pero los especialistas advierten que la falta de variedad, la reducción en las porciones y la irregularidad en el consumo de proteína animal pueden tener consecuencias graves para la salud a largo plazo, sobre todo en niños y adolescentes en pleno crecimiento.

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