En el acto del sábado en la Puerta del Sol de Madrid, mientras miles de venezolanos esperaban a María Corina Machado, se escuchó una consigna espontánea dirigida a Delcy Rodríguez: “¡Que salga la mona! ¡Fuera la mona!”. El coro nació en la antesala del discurso, en el momento en que se mencionaba a la presidenta encargada, y se extendió por sectores de la plaza como desahogo contra quien ha sido, por años, una de las caras más agresivas del chavismo.
El domingo, desde Táchira, el ministro de Interior y número dos del régimen, Diosdado Cabello, se declaró profundamente indignado. Calificó la consigna como una “expresión terrible, racista y vergonzosa”, y aseguró que no fue solo contra Delcy, sino “contra la mujer venezolana”. Según su versión, lo ocurrido en Madrid demuestra la “bajeza moral” de la oposición y su supuesta incapacidad para hacer política sin insultar.
Hasta ahí, el libreto perfecto del agraviado profesional. El problema es la hemeroteca.
Porque el mismo aparato de propaganda que hoy se rasga las vestiduras por “la mona” lleva años dedicando cadenas, programas y discursos enteros a insultar a María Corina Machado. No hace falta rebuscar mucho: en videos recientes se recogen los calificativos que la propia Delcy Rodríguez ha utilizado para referirse a ella: “cucaracha”, “arrechita”, “sayona mocosa”, “paraca”, entre otros “detalles” poco republicanos hacia una líder política que, además, hoy es Premio Nobel de la Paz.
Ni hablar de las veces que, desde el programa de Diosdado o en actos públicos, se ha ridiculizado su aspecto físico, su vida familiar, su forma de vestir o de hablar. Cuando los dardos iban hacia María Corina, el término “respeto a la mujer” parecía no existir en el diccionario de Miraflores.
EL “RACISMO” QUE SOLO IMPORTA CUANDO VA DE VUELTA
En su reacción, Cabello se cuidó de meter todo en el mismo saco: habló de “cánticos racistas terribles” y de un ataque a “todas las mujeres venezolanas”. El objetivo es evidente: usar un exceso verbal de un sector del público en Madrid para intentar deslegitimar a toda la movilización opositora y a la propia María Corina.
Que la frase “la mona” es una expresión despectiva y fuera de lugar, especialmente en boca de un liderazgo que quiere ser distinto al chavismo, es algo que muchos venezolanos advirtieron de inmediato. Pero que Diosdado Cabello, con el historial de insultos, burlas y campañas de odio que ha dirigido contra líderes opositores y periodistas, se erija ahora en paladín de la corrección política, es precisamente lo que despierta la reacción sarcástica en la calle: les duele el apodo cuando les toca a ellos, pero no cuando viene de ellos.
En redes, varios usuarios lo resumieron con una frase que circuló con fuerza: “Diosdado arrecho por ‘Fuera la mona’… ¿y cuando él y Delcy llamaban Sayona, cucaracha y mocosa a María Corina, qué?”. La doble vara queda demasiado expuesta.
LA DIFERENCIA: LA POSICIÓN DE MARÍA CORINA
Lo interesante es que, mientras el chavismo intenta colgarle a Machado la etiqueta de “racista” por los gritos de parte del público, ella misma se desmarcó del lenguaje de odio.
En declaraciones a EFE, María Corina dejó claro que no avala ese tipo de consignas:
“Jamás se escuchará en mi boca una palabra o una expresión que juzgue o descalifique a una persona por su religión, por su género o por su raza”.
Y añadió un punto político de fondo:
“Eso es lo que ha hecho el régimen en Venezuela, dividirnos por esos motivos”.
Es decir, mientras en Sol hubo un sector del público que descargó su rechazo contra Delcy con una frase desafortunada, la línea pública de la dirigente fue otra: marcar distancia con el insulto y volver a la idea de reconciliación entre los venezolanos, incluso entre quienes han estado en bandos opuestos.
Esa idea no es nueva en su discurso. En sus intervenciones recientes en Madrid —al recibir la Llave de Oro de la ciudad y ante la diáspora en la Puerta del Sol— ha insistido en que la transición que viene exige reconstruir un país para todos, sin repetir la lógica de odio, venganza y división que el chavismo sembró durante años.
UN PAÍS ENTRE LA CATARSIS Y LA TRANSICIÓN
Lo que ocurrió el fin de semana resume bien el momento venezolano:
- Una sociedad que carga con años de humillaciones, apagones, hambre, persecución y burla oficial, y que cuando tiene un micrófono cerca tiende a saldar cuentas también en el terreno simbólico.
- Un poder que se ha especializado en insultar, aplastar y deshumanizar al adversario, pero que ahora intenta presentarse como víctima delicada cuando el rechazo viene de vuelta.
- Y una líder —María Corina— que sabe que, si la transición se queda pegada en el lenguaje del resentimiento, el país puede tropezar con la misma piedra, y por eso insiste en hablar de reconciliación, aun cuando millones de sus seguidores sienten que tienen motivos de sobra para no tender la mano.
Que Mundo 24 está del lado de la democracia y de la causa que hoy encarna María Corina Machado no es un secreto. Tampoco lo es que la dictadura chavista, hoy rebautizada bajo otros nombres y cargos, intenta desesperadamente nublar lo central con debates laterales: quieren que el país hable de una consigna de plaza y no de los presos políticos, del hambre docente, de las leyes de minas sin control ambiental, ni de los negocios con Washington.
Por eso vale la pena subrayar dos cosas a la vez:
- Que llamar “mona” a Delcy no suma en la ruta de país que se está ofreciendo.
- Y que ni Diosdado ni Delcy tienen autoridad moral para dar lecciones de respeto después de años tratando de “sayona”, “cucaracha” y peor a la mujer que hoy millones de venezolanos ven como la cara civil, democrática y firme de la transición.
En otras palabras: sí, el país tiene derecho a estar arrecho. Pero la verdadera diferencia con la dictadura no estará en quién insulta más duro, sino en quién es capaz de ganar, gobernar y reconciliar, sin parecerse jamás al modelo que nos trajo hasta aquí. Y ahí, por más que griten desde el poder, la brújula hoy la tiene María Corina Machado.

