La Basílica de Santa Teresa, uno de los templos católicos más emblemáticos de Caracas y santuario del Nazareno de San Pablo, quedó bajo estricta evaluación técnica luego de los terremotos que sacudieron Venezuela y causaron daños de consideración en su estructura. Los informes preliminares señalan afectaciones importantes en la cúpula mayor, en la llamada “linterna” que se ubica en la parte superior —descrita como una zona que está prácticamente a punto de derrumbarse— y en sectores del cuerpo del templo asociados al área de Santa Teresa, que fueron calificados como “bastante comprometidos”. Estos daños han encendido las alarmas sobre la seguridad del edificio y sobre la posibilidad de que se requieran medidas de emergencia adicionales.
Las autoridades de gestión de riesgo y equipos especializados en ingeniería estructural han colocado al templo bajo una categoría de alto riesgo, lo que implica que se deben restringir los accesos y concentrar los esfuerzos en estudios más detallados para determinar el alcance real de las afectaciones. En evaluaciones recientes, la basílica ha sido señalada con criterios equivalentes a una “etiqueta roja”, utilizada para identificar edificaciones con daños estructurales graves y riesgo de colapso si se mantiene el uso normal del inmueble. Esto obliga a suspender actividades regulares en el interior y a reubicar actos litúrgicos y devocionales en zonas externas o espacios alternos mientras se completa el diagnóstico.
El impacto sobre la vida religiosa y cultural de la ciudad es significativo. La Basílica de Santa Teresa no solo es un templo histórico, sino también el centro de una de las tradiciones más arraigadas del país: la devoción al Nazareno de San Pablo, que cada Semana Santa convoca a miles de fieles. Tras los sismos, la imagen del Nazareno ha sido colocada en puntos más seguros y algunas celebraciones se han trasladado al exterior del templo, como medida de protección para los feligreses y para la propia escultura. La decisión de limitar el acceso al interior se toma precisamente para evitar que un eventual desprendimiento de elementos de la cúpula, la linterna o las fachadas provoque una tragedia adicional.
La Basílica de Santa Teresa se suma a un grupo de iglesias y templos de Caracas que resultaron afectados por los movimientos telúricos, muchos de ellos con grietas profundas, daños en cúpulas, fachadas y elementos interiores. Este panorama ha obligado a la Arquidiócesis y a las autoridades culturales a trabajar en proyectos de rehabilitación y refuerzo estructural para recuperar edificaciones que forman parte del patrimonio histórico y religioso de Venezuela. En el caso específico de Santa Teresa, los especialistas advierten que será necesario definir si la intervención se limitará al refuerzo, si requerirá obras de reconstrucción parcial o si, en el escenario más extremo, habrá que considerar la demolición de partes gravemente comprometidas para garantizar la seguridad.
Mientras avanzan las evaluaciones, se ha recomendado a los fieles y al público en general evitar acercarse a zonas de riesgo alrededor del templo, respetar los perímetros de seguridad y seguir las indicaciones de los equipos de emergencia y de las autoridades eclesiásticas. El futuro de la Basílica de Santa Teresa dependerá de lo que arrojen los estudios técnicos y de la disponibilidad de recursos para emprender obras de restauración de alto costo, en un contexto en el que la infraestructura religiosa y cultural del país ya venía arrastrando años de deterioro. Lo que sí quedó claro tras los terremotos es que uno de los símbolos religiosos más importantes de la capital enfrenta hoy uno de los momentos más delicados de su historia reciente.
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