Bitcoin y criptomonedas en Estados Unidos: el retrato de 2026

Bitcoin y criptomonedas en Estados Unidos: el retrato de 2026

Hay historias económicas que se cuentan mejor no a través de un solo titular, sino de la acumulación de pequeños datos que, juntos, dibujan un cambio profundo. Eso es exactamente lo que está ocurriendo con las criptomonedas en Estados Unidos entre 2024 y 2026: una transformación que combina un giro regulatorio radical, una adopción institucional sin precedentes y, al mismo tiempo, una desconfianza ciudadana que se resiste a desaparecer. Este es un recorrido completo por ese panorama, con toda la evidencia disponible hasta ahora.

Cuántos estadounidenses poseen criptomonedas hoy

Una recuperación que llega tras el «criptoinvierno»

En 2026, el 30% de los adultos estadounidenses posee criptomonedas, lo que equivale a aproximadamente 70.4 millones de personas. La cifra representa una recuperación notable desde el 27% de 2024, después de que el llamado «criptoinvierno» de 2022-2023 golpeara con fuerza al sector. Para entender la magnitud de esos altibajos, basta con mirar la trayectoria: la propiedad de criptomonedas pasó de un 15% en 2021 a un pico de 33% en 2022, cayó hasta el 27% en 2024, y ahora se recupera lentamente hacia el 30% actual.

Quiénes están dispuestos a comprar más

Entre quienes ya poseen criptomonedas, el 61% planea comprar más durante 2026, una señal de confianza que contrasta con el escaso 6% de los no propietarios que dicen estar dispuestos a entrar al mercado este año. Sin embargo, existe un grupo intermedio nada despreciable: un 42% de los estadounidenses que podrían considerar adquirir criptomonedas en algún momento futuro, aunque todavía no han tomado esa decisión. Ese «medio persuadible», como lo llaman los analistas, representa casi el doble del tamaño del mercado actual de compradores comprometidos.

Quiénes son los dueños de criptomonedas

Una cuestión de edad

Cerca de dos tercios de todos los propietarios de criptomonedas se concentran entre los 30 y los 59 años, justamente los años de mayores ingresos disponibles para invertir en activos alternativos. Por grupos de edad, el 19% de los propietarios tiene entre 18 y 29 años, el 32% entre 30 y 44, el 31% entre 45 y 59, y apenas el 17% tiene 60 años o más. Uno de cada tres propietarios, en otras palabras, se ubica en ese rango de 30 a 44 años que parece ser el corazón demográfico de este mercado.

La brecha que todavía separa a hombres y mujeres

Los datos también muestran una diferencia de género que no ha logrado cerrarse: los hombres estadounidenses son considerablemente más propensos que las mujeres a poseer criptomonedas. Entre las mujeres propietarias, el grupo más numeroso tiene entre 45 y 59 años, mientras que entre los hombres la distribución es más joven, con un 35% entre 30 y 44 años. Y hay un dato que resulta particularmente revelador: las mujeres tienen la mitad de probabilidades que los hombres de planear la compra de criptomonedas en los próximos 12 meses, y son más propensas a afirmar que nunca las adquirirán.

¿Ha sido rentable invertir en criptomonedas?

Aquí hay una noticia que probablemente sorprenda a más de uno. El 53% de quienes han poseído criptomonedas reporta ganancias netas en sus inversiones a lo largo del tiempo, mientras que solo el 21% reconoce haber sufrido pérdidas netas, y un 23% dice estar en un punto de equilibrio, sin ganar ni perder. Es cierto que estas cifras pueden estar sujetas a cierto sesgo de memoria por parte de quienes responden, pero de todos modos sugieren que buena parte de los estadounidenses que apostaron por este mercado terminaron siendo recompensados por asumir ese riesgo.

Bitcoin: el rey indiscutible del ecosistema

Su dominancia se mantiene firme

Entre todos los propietarios de criptomonedas, el 74% posee Bitcoin en 2026, exactamente el mismo porcentaje que en 2025, consolidándolo como la criptomoneda más popular por segundo año consecutivo. Entre quienes planean comprar criptomonedas en los próximos 12 meses, un 59% tiene en la mira específicamente a Bitcoin. Le sigue de lejos Ethereum, con un 53% de propietarios, y más atrás aparecen Dogecoin (25%), Solana (20%), USD Coin (18%), Shiba Inu (17%), Cardano (13%), Litecoin (12%), Ripple (11%) y Bitcoin Cash (11%).

Un movimiento silencioso: de individuos a instituciones

Detrás de las cifras de propiedad hay un fenómeno más profundo que merece atención. El año 2025 fue testigo de una ola extraordinaria de ventas por parte de los primeros inversionistas de Bitcoin, con transacciones individuales de 100 millones de dólares o más convirtiéndose en algo común, un ritmo de ventas mucho mayor que el observado brevemente en 2021.

Desde 2023, los llamados tenedores a largo plazo —direcciones que mantienen Bitcoin durante cinco meses o más— han movido más de 750 mil millones de dólares en BTC. Solo en 2025, más de un millón de Bitcoin fueron transferidos desde balances que se habían mantenido intactos por más de dos años hacia direcciones más nuevas. En ese mismo año, los individuos vendieron 696,000 BTC, mientras que negocios, fondos, ETFs y gobiernos compraron casi un millón de Bitcoin. La lectura de estos números parece clara: hay una transferencia de riqueza que va de individuos hacia instituciones, con los primeros tenedores tomando ganancias mientras el capital institucional acumula posiciones, un movimiento que muchos interpretan como señal de maduración del mercado.

Wall Street ya no se resiste a Bitcoin

La adopción institucional alcanzó niveles que hace pocos años parecían impensables. El 60% de los 25 bancos más grandes de Estados Unidos está construyendo productos relacionados con Bitcoin. El 90% de las principales 50 firmas asesoras de inversión (RIA) según Barron’s ya tiene alguna asignación a Bitcoin. Más de 2,000 firmas asesoras en todo el país están posicionadas en ETFs de Bitcoin, y el 52% de los 25 fondos de cobertura más grandes de Estados Unidos también mantiene exposición al activo. Todo esto se apoya, en buena medida, en la aprobación de los ETFs de Bitcoin por parte de la SEC en enero de 2024, un evento que abrió la puerta a un flujo masivo de capital institucional y que hoy se traduce en una legitimización sin precedentes de Bitcoin como clase de activo.

Las empresas también se suman

En el plano corporativo, las compañías agregaron 54 mil millones de dólares en Bitcoin a sus balances durante 2025, una cifra que supera la suma de todos los años anteriores combinados desde que existe la criptomoneda. Las llamadas empresas de tesorería de Bitcoin —compañías cuyo modelo se centra en acumular el activo— concentran la mayoría de estas tenencias corporativas, con 866,000 BTC en total. La adopción por parte de empresas públicas se multiplicó por 2.5 durante 2025, alcanzando 194 compañías que hoy mantienen Bitcoin en sus balances, entre ellas nombres conocidos como MicroStrategy, la mayor tenedora corporativa, Tesla, que mantiene su posición, y Block, además de varias empresas más pequeñas y startups tecnológicas.

Bitcoin empieza a usarse para pagar

Más allá de su papel como inversión, Bitcoin está ganando terreno también como medio de pago. La adopción por parte de comercios creció un 74% en 2025, y se espera que ese crecimiento de triple dígito continúe en Norteamérica, una región que históricamente iba a la zaga de Europa y el resto del mundo en este aspecto, pero que ahora empieza a acortar distancias.

La Lightning Network, la capa tecnológica que permite pagos rápidos y baratos sobre la red de Bitcoin, superó los mil millones de dólares en volumen mensual, con un crecimiento del 300% durante 2025 y una transacción promedio de 223 dólares. Su capacidad alcanzó un nuevo máximo histórico tras tres años de relativo estancamiento. Este tipo de tecnología está atacando directamente una de las críticas más persistentes hacia Bitcoin: que resulta lento y costoso para pagos pequeños, y el crecimiento del 300% sugiere que la adopción para uso transaccional está acelerándose, más allá de su función como simple reserva de valor.

El giro regulatorio de la era Trump

Una orden ejecutiva que lo cambió todo

El cambio de rumbo comenzó apenas días después del inicio de la segunda administración Trump. El 23 de enero de 2025, el presidente firmó una orden ejecutiva titulada «Strengthening American Leadership in Digital Financial Technology» (Fortaleciendo el Liderazgo Estadounidense en Tecnología Financiera Digital), en la que estableció como política de su gobierno «apoyar el crecimiento responsable y uso de activos digitales, tecnología blockchain, y tecnologías relacionadas en todos los sectores de la economía».

Esa orden fijó cinco grandes objetivos: proteger el uso legal de las redes blockchain, la minería, la validación y la autocustodia de activos digitales sin censura ilegal; promover las stablecoins respaldadas por el dólar; garantizar un acceso justo y abierto a los servicios bancarios; proveer claridad regulatoria basada en límites jurisdiccionales bien definidos; y, de forma contundente, prohibir las Monedas Digitales de Banco Central, conocidas como CBDC.

La prohibición explícita de las CBDC

En este último punto, el lenguaje de la orden ejecutiva no deja lugar a dudas. El texto habla de «tomando medidas para proteger a los estadounidenses de los riesgos de las Monedas Digitales de Banco Central (CBDC), las cuales amenazan la estabilidad del sistema financiero, la privacidad individual, y la soberanía de los Estados Unidos», y prohíbe de forma expresa el establecimiento, emisión, circulación y uso de cualquier CBDC dentro de la jurisdicción estadounidense.

En términos prácticos, esto significa que las agencias federales tienen vedado emprender cualquier acción orientada a crear o promover una CBDC, tanto dentro como fuera del país, salvo que la ley lo exija expresamente. Cualquier plan en curso relacionado con este tipo de moneda digital quedó terminado de inmediato. Esta decisión pone fin, de facto, a la investigación que la Reserva Federal venía realizando sobre un posible «dólar digital», y contrasta abiertamente con lo que están haciendo otras potencias como China o la Unión Europea, que continúan avanzando activamente en el desarrollo de sus propias CBDC.

La Ley GENIUS: un marco para las stablecoins

En julio de 2025, el Congreso aprobó la llamada GENIUS Act, que estableció el primer marco regulatorio federal específicamente diseñado para las stablecoins. La ley las define como «tokens digitales vinculados al dólar estadounidense y respaldados uno a uno por activos líquidos de alta calidad como efectivo y Treasurys a corto plazo».

Entre sus requisitos principales se exige que estas monedas estén respaldadas completamente por activos de alta calidad, que los emisores mantengan reservas adecuadas en todo momento, que exista transparencia sobre esas reservas, y que haya supervisión regulatoria por parte de agencias federales. El impacto de esta legislación ha sido significativo: proporciona claridad a los emisores de stablecoins, podría impulsar su uso para pagos, y posiciona a Estados Unidos como un referente en la regulación de este tipo de activos, atrayendo a emisores hacia su jurisdicción.

Lo que se movió durante 2026

El año 2026 trajo consigo una serie de avances regulatorios concretos. El 18 de agosto, la SEC propuso la llamada Regulation Crypto Assets, que contempla exenciones de oferta personalizadas para ciertos activos cripto, un régimen de divulgación basado en principios, y un mecanismo de puerto seguro condicional en torno al término «contrato de inversión» dentro de las leyes de valores de 1933 y 1934. Este cambio marca un giro radical respecto a la postura de la SEC bajo su liderazgo anterior, encabezado por Gary Gensler, que había tratado a la mayoría de las criptomonedas como valores sujetos a fuerte fiscalización. Bajo el nuevo presidente de la SEC, Paul Atkins, nombrado por Trump, el organismo ofrece ahora un camino mucho más claro para que los proyectos cripto puedan operar legalmente, reduciendo la incertidumbre que durante años frenó buena parte de la innovación del sector.

A esto se suma el trabajo de la Office of the Comptroller of the Currency (OCC), que acelera su calendario regulatorio con el objetivo de finalizar reglas federales para stablecoins en noviembre de 2026, y que comenzará a procesar solicitudes de licencias cripto a partir de enero de 2027. En los últimos 18 meses, la OCC ha recibido 40 solicitudes para nuevas cartas bancarias, más de la mitad de las cuales involucran de alguna forma actividad relacionada con activos digitales.

El propio Departamento del Tesoro también se reorganiza internamente: la orden ejecutiva estableció oficinas específicas para administrar y custodiar Bitcoin y otros activos digitales confiscados en procedimientos criminales o civiles, además de mantener un inventario público de ETH, XRP, SOL y ADA.

Una Reserva Estratégica de Bitcoin, algo nunca antes visto

Quizás el movimiento más simbólico de todo este proceso llegó en enero de 2026, cuando el gobierno de Estados Unidos anunció el establecimiento de una Reserva Estratégica de Bitcoin a nivel nacional. En términos prácticos, esto significa que el país mantendrá Bitcoin como parte de sus reservas oficiales, de forma similar a como conserva oro o divisas extranjeras. Es la primera vez que una superpotencia económica toma una decisión de este tipo, y representa un reconocimiento oficial de Bitcoin como activo de reserva legítimo.

Entre las razones detrás de esta decisión se mencionan la diversificación de las reservas nacionales, el reconocimiento de Bitcoin como una suerte de «oro digital», el posicionamiento del país como líder en la economía digital, y una posible cobertura frente a la inflación o la debilidad del dólar. El anuncio provocó un aumento notable en el precio de Bitcoin y envió una señal de legitimización definitiva hacia el resto del mundo, con otros países ya considerando seguir un camino similar.

David Sacks, el primer «zar» de IA y cripto

Como parte de esta estrategia, la administración Trump nombró a David Sacks como el primer «AI and Crypto Czar» del país, con el rol de asesorar directamente al presidente en política de criptomonedas e inteligencia artificial, coordinar entre agencias como la SEC, la CFTC, el Tesoro y la OCC, representar a Estados Unidos en foros internacionales sobre el tema, y desarrollar la estrategia nacional para el liderazgo en tecnología blockchain.

Sin embargo, su recepción pública no ha sido especialmente favorable: entre los pocos estadounidenses que están al tanto de su función, solo el 5% calificó su desempeño como «excelente». A finales de 2025, Sacks enfrentó además cierto escrutinio por preocupaciones éticas relacionadas con sus inversiones personales, algo que probablemente contribuyó a esa baja valoración. Aun así, el simple hecho de crear este cargo revela la prioridad que la administración le asigna al sector, aunque las tensiones entre industria y regulación siguen presentes.

El uso real de criptomonedas para pagos: una historia de desilusión

Cifras que sorprenden por lo bajas

A pesar de todo el desarrollo tecnológico e institucional descrito hasta ahora, el uso real de criptomonedas para pagos cotidianos sigue siendo mínimo, y de hecho está disminuyendo. La proporción de consumidores estadounidenses que utiliza criptomonedas para compras o transferencias de dinero ha caído de manera constante: de aproximadamente 3% en 2021 y 2022, a menos de 2% en 2023 y 2024. En números absolutos, la cantidad de adultos estadounidenses que usa criptomonedas para pagos bajó de 6.7 millones en 2021 a 5.1 millones en 2024.

Esta disminución está impulsada, sobre todo, por una caída en el uso de criptomonedas exclusivamente para enviar dinero a amigos y familiares, que pasó de 0.8% en 2022 a apenas 0.3% en 2024. El uso para compras, o para ambos fines combinados, apenas se movió.

Quiénes sí las usan para pagar

Los datos demográficos revelan patrones interesantes. Por raza y etnia, los consumidores negros e hispanos han sido consistentemente más propensos a usar criptomonedas para pagos que los consumidores blancos, tanto en 2022 como en 2024, aunque las proporciones cayeron en los tres grupos: del 6.3% al 3.2% entre consumidores negros, del 4.4% al 2.8% entre hispanos, y del 1.4% al 1.3% entre blancos.

Por ciudadanía, la proporción fue notablemente más alta entre no ciudadanos que entre ciudadanos estadounidenses, aunque también cayó de forma marcada entre los primeros, del 5.4% en 2022 al 2.6% en 2024. Los trabajadores autoempleados o que trabajan en negocios familiares también mostraron una propensión mayor al uso de criptomonedas para pagos, con 6.2% en 2022 y 4.7% en 2024. Y quienes no tienen cuenta bancaria, utilizan servicios financieros alternativos, o tienen una puntuación crediticia baja, resultaron ser más propensos a recurrir a las criptomonedas que el resto de la población.

Todo esto sugiere que las criptomonedas están sirviendo, hasta cierto punto, como una alternativa para grupos que quedan al margen del sistema bancario tradicional. Pero la caída generalizada indica que incluso estos grupos están recurriendo cada vez menos a ellas con el paso del tiempo.

Por qué la gente paga con cripto, y cómo cambió esa razón

El motivo principal por el que los consumidores usan criptomonedas para pagar también cambió de forma notable entre 2022 y 2024. En 2022, las tres razones más citadas eran relativamente parejas: que el destinatario prefería recibir criptomonedas, la rapidez del envío, y la privacidad, cada una alrededor del 20%. Para 2024, «la persona o negocio que recibe el dinero prefirió criptomoneda» saltó a más del 35%, mientras que la velocidad cayó a 18%, el costo a 13% y la privacidad a 12%.

Este hallazgo resulta revelador: la preferencia del destinatario se convirtió, por mucho, en la razón más citada, mientras que casi todas las demás explicaciones disminuyeron o se mantuvieron estables. Esto sugiere que el uso de criptomonedas para pagos se ha vuelto más pasivo: los consumidores no están eligiendo activamente estos activos por sus ventajas de privacidad, velocidad o costo, sino que los usan, sencillamente, porque quien recibe el pago lo exige o lo prefiere. Es una adopción impulsada más por el lado de la oferta —comercios y plataformas— que por una demanda genuina de los consumidores.

El potencial no realizado de las stablecoins

Buena parte de la industria de pagos y algunos legisladores tienen esperanzas puestas en las stablecoins como el verdadero vehículo para masificar el uso cotidiano de las criptomonedas, ya que mantienen un valor estable frente al dólar y no sufren la volatilidad extrema de Bitcoin u otras monedas digitales. La GENIUS Act, precisamente, podría facilitar esa adopción al brindar claridad regulatoria.

Sin embargo, la realidad actual sigue siendo modesta. Pese a que las stablecoins llevan disponibles desde mediados de la década pasada, su adopción para pagos continúa siendo baja. El gasto con tarjetas vinculadas a stablecoins alcanzó aproximadamente 18 mil millones de dólares anualizados hacia finales de 2025 e inicios de 2026, una cifra que ya rivaliza con las transferencias entre particulares (P2P), estimadas en unos 19 mil millones. Este crecimiento, de aproximadamente 106% anual desde enero de 2023, es significativo, aunque parte de una base todavía pequeña. La pregunta que queda abierta es si el nuevo panorama regulatorio logrará finalmente traducirse en una adopción masiva por parte de los consumidores.

Las barreras que siguen frenando la adopción masiva

Una crisis de confianza en la seguridad

El 59% de los estadounidenses carece de confianza en la seguridad de las criptomonedas, una brecha considerable entre propietarios y no propietarios. Entre quienes no poseen criptomonedas, las preocupaciones de seguridad son, precisamente, la principal barrera que les impide dar el salto. Y no se trata solo de una percepción: el 16% de los propietarios actuales reporta haber experimentado problemas reales de acceso a sus tenencias, ya sea por contraseñas olvidadas, claves privadas perdidas, interrupciones en exchanges o cuentas congeladas. Es decir, aproximadamente uno de cada seis propietarios se ha topado con fallas significativas en su experiencia como usuario.

Al desglosar las preocupaciones específicas, la volatilidad del valor encabeza la lista con un 37%, una cifra prácticamente idéntica entre propietarios y no propietarios, seguida por la falta de protección gubernamental o bancaria (13% a 16%), el potencial de ciberataques (14%), y la dificultad para confiar en los exchanges (10%). La volatilidad, según los analistas, está «incrustada en cómo funcionan estos activos», lo que significa que ni una mejor tecnología ni una política más amigable podrán resolverla por completo.

Lo que la gente realmente valora de las criptomonedas

Cuando se les pregunta por los beneficios percibidos, el hallazgo es contundente: el potencial de aumento de precio es visto como el mayor beneficio, tanto por el 38% de todos los adultos como por el 51% de los propietarios. En cambio, solo un 10% menciona evitar tarifas bancarias como su principal ventaja, y apenas un 20% valora la anonimidad que ofrecen las transacciones cripto. Un 22% de los no propietarios, además, dice directamente que no ve ningún beneficio en estos activos.

La lectura de estos datos es bastante clara: la especulación sigue siendo el motor principal detrás de la adopción de criptomonedas, mucho más que su utilidad práctica. La mayoría de la gente las ve como una inversión de riesgo, no como una tecnología transformadora, lo que limita su adopción a quienes tienen mayor tolerancia al riesgo financiero. Para lograr una adopción verdaderamente masiva, la industria tendría que demostrar utilidad más allá de los retornos especulativos.

El «medio persuadible»: una oportunidad todavía sin explotar

Ese 42% de estadounidenses que podrían considerar comprar criptomonedas en el futuro, sin haberse comprometido todavía, representa una oportunidad enorme de conversión, casi el doble del tamaño del mercado actual de compradores definidos. Pero llegar a ese grupo exige resolver, de forma convincente, las preocupaciones de seguridad, volatilidad y desconfianza que hoy los mantienen al margen. Esto implicaría construir infraestructura de seguridad más robusta, mejorar la experiencia de usuario para reducir errores y pérdidas de acceso, invertir en educación sobre cómo mantener criptomonedas de forma segura, ofrecer protecciones regulatorias que generen confianza sin ahogar la innovación, y, sobre todo, desarrollar casos de uso prácticos que vayan más allá de la pura especulación.

La salud técnica de la red Bitcoin

Una infraestructura cada vez más robusta

Más allá de la conversación regulatoria y de mercado, la red Bitcoin en sí misma muestra señales claras de fortalecimiento. Cuenta con aproximadamente 24,700 nodos alcanzables, un crecimiento del 14% durante 2025, y está protegida por más de un zetahash de poder computacional. El hashrate de los mineros ha crecido, en promedio, un 108% anual desde 2016, con un incremento del 35% solo en 2025. Estas métricas apuntan hacia una red más segura y descentralizada que nunca: más nodos significan mayor resistencia a la censura, y un hashrate más alto implica mayor seguridad frente a posibles ataques.

Una minería cada vez más repartida por el mundo

Desde el punto de vista geográfico, la minería de Bitcoin nunca ha estado tan descentralizada. El número de países con más del 0.1% del hashrate total pasó a 34, ocho más que el año anterior, y los países con más del 1% del hashrate llegaron a 12, tres más que antes. Al mismo tiempo, los tres pools de minería más grandes perdieron un 12% de su participación de mercado en los últimos dos años. Esta mayor dispersión geográfica reduce el riesgo de que un solo país pueda intentar atacar o regular unilateralmente la red, y la menor concentración de pools disminuye la posibilidad de colusión o de un ataque del 51%, haciendo a Bitcoin más resistente frente a intentos de manipulación.

Una volatilidad que empieza a parecerse a la de activos tradicionales

Bitcoin también muestra una tendencia de una década hacia la disminución de su volatilidad. Sus fluctuaciones diarias promedio de precio en 2025 se acercan cada vez más a las del oro y el S&P 500, un indicio de maduración como clase de activo. Menor volatilidad significa, en la práctica, mayor aceptación por parte de inversores institucionales y una integración más natural dentro de portafolios de inversión. En su último mercado alcista, iniciado a finales de 2022, Bitcoin atrajo 742 mil millones de dólares en nueva inversión, y actualmente representa el 1.2% del dinero global.

Cuando los gobiernos también apuestan por Bitcoin

Una lista de países que crece rápidamente

En el ámbito internacional, 23 estados-nación poseen actualmente Bitcoin, cinco más que el año anterior, un grupo que incluye a Estados Unidos con su Reserva Estratégica, a El Salvador, primer país en adoptar Bitcoin como moneda de curso legal, y a la República Centroafricana, que lo adoptó brevemente antes de revocar esa decisión, además de otros países con tenencias más modestas. Este tipo de reconocimiento oficial otorga a Bitcoin una legitimidad sin precedentes, y podría generar un efecto de red donde cada vez más países sigan un camino similar, en parte impulsados por incentivos geopolíticos: los países que ya poseen Bitcoin tienen un interés directo en su éxito.

Una tendencia regulatoria claramente favorable

A nivel global, 49 países han mejorado el acceso a Bitcoin a través de nuevas regulaciones desde 2020, mientras que apenas cuatro han restringido ese acceso. La tendencia parece inequívoca: los gobiernos están reconociendo que no pueden, ni deberían, prohibir Bitcoin por completo, y en cambio están optando por construir marcos regulatorios que permitan su uso mientras protegen a los consumidores, lo que a su vez reduce la incertidumbre y facilita la adopción institucional.

Lo que piensa el público sobre las políticas de Trump y las criptomonedas

Un apoyo más tibio de lo que la administración esperaba

A pesar de las políticas abiertamente favorables hacia las criptomonedas impulsadas por la administración Trump, la percepción pública dista mucho de ser unánime. Solo una mayoría ajustada, del 52%, cree que los valores de las criptomonedas aumentarán bajo esta administración. Menos de la mitad, un 46%, considera que el gobierno realmente ha impulsado la adopción mainstream de estos activos. Y apenas un 24% cree que la Reserva Estratégica de Bitcoin ha fortalecido la economía del país, mientras que un 44% opina exactamente lo contrario.

Estos números sugieren que, aunque las políticas pro-cripto de Trump han influido en el sentimiento del mercado, los valores no aumentaron tanto como muchos expertos esperaban durante 2025, y persiste un escepticismo notable sobre los beneficios económicos reales de la Reserva Estratégica. Es posible, incluso, que la administración haya sobreestimado el nivel de respaldo popular que existe para políticas pro-cripto particularmente agresivas.

Una prioridad que no figura entre las principales

Resulta revelador que, incluso entre los propios propietarios de criptomonedas, la «infraestructura de criptomonedas y desarrollo de blockchain» aparezca en el noveno lugar de diez posibles prioridades nacionales. Esto deja ver que los estadounidenses, en general, están mucho más interesados en soluciones a sus desafíos económicos cotidianos que en la defensa de las criptomonedas como causa política, y que todavía no están del todo convencidos de que estos activos digitales sean parte de esa solución. Aunque exista respaldo político a nivel federal, el público en general no le otorga una prioridad especialmente alta, lo que podría limitar cuánto capital político están dispuestos a invertir los legisladores en este tema.

Estados Unidos frente al resto del mundo

Un dato pone en perspectiva el fenómeno estadounidense: en Nigeria, casi una de cada tres personas encuestadas reportó poseer o usar criptomonedas, mientras que en Estados Unidos esa cifra, antes de la reciente recuperación al 30%, era de apenas seis de cada cien encuestados, según datos de 2024. Estados Unidos, sorprendentemente, se ubica entre los países grandes con menor tasa de adopción, mientras que economías en desarrollo con monedas inestables o sistemas bancarios más débiles muestran una adopción mucho mayor.

La explicación parece residir en la necesidad, más que en la tecnología en sí misma. En países como Nigeria, Venezuela o Argentina, las criptomonedas cumplen funciones muy concretas: sirven como cobertura frente a la inflación de la moneda local, otorgan acceso al sistema financiero global, y protegen frente a controles de capital. En Estados Unidos, con un dólar estable y un sistema bancario sólido, ese caso de uso resulta mucho menos evidente, lo que explicaría por qué la adopción avanza con más lentitud pese a contar con la industria cripto más desarrollada del mundo.

Consejos prácticos para quienes ya invirtieron, o están por hacerlo

Dado que el 59% de los estadounidenses desconfía de la seguridad de las criptomonedas, y que el 16% de los propietarios ya ha enfrentado algún problema de acceso, seguir buenas prácticas de seguridad resulta esencial para cualquiera que participe en este mercado.

Para tenencias a largo plazo, se recomienda usar carteras de hardware, dispositivos físicos que mantienen las claves privadas desconectadas de internet, ofreciendo la protección más sólida contra hackeos o fallas de exchanges; su costo suele oscilar entre 79 y 399 dólares, aunque conllevan el riesgo de perder el propio dispositivo o sufrir un percance físico como un incendio o un robo. También es importante habilitar la autenticación de dos factores en todas las cuentas relacionadas con criptomonedas, preferiblemente a través de una aplicación en lugar de mensajes de texto, que pueden ser interceptados.

Las frases de recuperación, o frases semilla, deben escribirse en papel y almacenarse en múltiples ubicaciones físicas seguras, evitando siempre guardarlas digitalmente, ya sea en capturas de pantalla, archivos de texto o correos electrónicos; considerar una caja fuerte ignífuga o una caja de seguridad bancaria puede ser una buena opción para resguardarlas a largo plazo. Finalmente, para quienes están comenzando, lo más recomendable es invertir montos pequeños que se puedan permitir perder por completo, utilizar exchanges de buena reputación con historial sólido de seguridad y cobertura de seguro, investigar el cumplimiento regulatorio de cualquier plataforma antes de confiarle el dinero, y distribuir los activos entre más de un exchange para reducir el riesgo ante un eventual hackeo o incumplimiento.

Lo que podría venir: vientos a favor y en contra

Los factores que podrían impulsar la adopción

De cara a 2026 y 2027, varios elementos juegan a favor de una mayor adopción: la claridad regulatoria creciente gracias a la GENIUS Act y la nueva Regulation Crypto Assets de la SEC; una infraestructura institucional cada vez más sólida, con bancos construyendo productos de Bitcoin y ETFs facilitando el acceso tanto a inversores institucionales como minoristas; una adopción empresarial en franco crecimiento, que ya normaliza a Bitcoin como activo de tesorería legítimo; mejoras tecnológicas como el crecimiento del 300% de la Lightning Network, que hace a Bitcoin cada vez más usable para pagos cotidianos; y una adopción creciente por parte de estados-nación, con la propia Reserva Estratégica de Estados Unidos otorgando una legitimidad definitiva que podría generar un efecto de red geopolítico.

Los obstáculos que persisten

Del otro lado, siguen presentes obstáculos considerables: las persistentes preocupaciones de seguridad, con un 59% de estadounidenses desconfiando del sector y un 16% de propietarios habiendo enfrentado problemas reales de acceso; la volatilidad, señalada por un 37% como su principal preocupación, un problema que, según los analistas, está incrustado en la propia naturaleza de estos activos; la falta de un caso de uso práctico claro, con apenas un 10% valorando el ahorro en tarifas bancarias frente a un 38% que sigue viendo únicamente el potencial de ganancia especulativa; la brecha de género, que reduce a la mitad la probabilidad de que las mujeres consideren comprar criptomonedas, limitando así el mercado potencial; y un escepticismo público generalizado, reflejado en que solo el 24% cree que la Reserva Estratégica de Bitcoin fortalece realmente la economía, y en que el tema ocupa un lugar bajo entre las prioridades nacionales incluso para quienes ya son propietarios.

Tres escenarios posibles

Los analistas plantean tres caminos posibles para los próximos años. En un escenario optimista, la claridad regulatoria y la infraestructura institucional facilitarían una adopción masiva, llevando la propiedad del 30% actual a un rango de 40% a 50% en los próximos tres a cinco años, con Bitcoin consolidado como «oro digital» y las stablecoins volviéndose comunes para pagos, especialmente en transacciones internacionales, mientras la volatilidad continúa disminuyendo.

En el escenario base, considerado el más probable, la adopción seguiría creciendo de forma lenta, pasando del 30% a un rango de 35% a 40% en el mismo periodo, con Bitcoin manteniéndose como una inversión de nicho para quienes toleran mayor riesgo, las stablecoins ganando terreno sin llegar a reemplazar los métodos de pago tradicionales, y la brecha de género junto con las preocupaciones de seguridad limitando una adopción verdaderamente masiva.

Finalmente, en un escenario pesimista, un incidente de seguridad de gran magnitud —el hackeo de un exchange importante o una falla de protocolo grave— podría sacudir seriamente la confianza del público, la regulación podría volverse más restrictiva bajo presión política, la adopción podría estancarse o incluso retroceder, y las promesas de una «revolución financiera» impulsada por las criptomonedas podrían quedar, una vez más, sin materializarse.

Una conclusión con más preguntas que certezas

El panorama de las monedas digitales en Estados Unidos durante 2026 es, en el fondo, una historia de contrastes. Por un lado, hay señales claras de maduración institucional: el 30% de los adultos posee criptomonedas, el 74% de esos propietarios mantiene Bitcoin, Wall Street construye infraestructura a un ritmo récord, y el propio gobierno estadounidense ha establecido su Reserva Estratégica de Bitcoin. El marco regulatorio bajo la administración Trump es abiertamente favorable, con la GENIUS Act aportando claridad para las stablecoins y una SEC bajo nuevo liderazgo que ofrece caminos más claros para operar dentro de la ley.

Por otro lado, las barreras fundamentales para una adopción masiva siguen firmes: el 59% de los estadounidenses desconfía de la seguridad de estos activos, el 37% señala la volatilidad como su principal preocupación, y solo el 10% ve en el ahorro de tarifas bancarias su mayor beneficio, frente a un 38% que sigue apostando, sobre todo, a la posibilidad de que el precio suba. El uso real de criptomonedas para pagos sigue siendo mínimo, por debajo del 2%, y continúa disminuyendo en lugar de crecer. Incluso entre quienes ya son propietarios, el desarrollo de infraestructura cripto y blockchain ocupa el noveno lugar de diez posibles prioridades nacionales.

La tensión de fondo parece clara: la industria ha logrado vender con éxito la idea de las criptomonedas como inversión especulativa, pero todavía no logra consolidarlas como una tecnología con utilidad práctica y cotidiana. Bitcoin sigue siendo visto, principalmente, como una especie de oro digital, no como un medio habitual de intercambio. Esto ha funcionado bien para atraer a inversores con alta tolerancia al riesgo, pero limita el mercado potencial a ese segmento específico de la población.

Para que las criptomonedas alcancen una adopción verdaderamente masiva —pensemos en un 50% o más de los adultos estadounidenses— la industria tendría que resolver de forma convincente el problema de la seguridad, reduciendo esa tasa del 16% de propietarios que enfrentan problemas de acceso; demostrar utilidad práctica más allá de la especulación, ya sea a través de pagos más baratos y rápidos, acceso financiero para quienes no tienen cuenta bancaria, o aplicaciones que la tecnología tradicional simplemente no puede ofrecer; mejorar de forma drástica la experiencia de usuario, hasta el punto de que usar criptomonedas resulte tan sencillo como usar una aplicación bancaria convencional; educar al público sobre qué son realmente estos activos y por qué importan, más allá de la promesa de ganar dinero; y construir la infraestructura necesaria para soportar un uso a gran escala, con redes más rápidas y económicas, mejores carteras, y más comercios dispuestos a aceptarlas.

El entorno regulatorio favorable impulsado por la administración Trump representa, sin duda, un viento de cola importante, pero no basta por sí solo. Las políticas pueden reducir barreras, pero no pueden crear demanda genuina; eso solo lo logra la tecnología cuando realmente entrega valor a personas reales. La gran pregunta para 2026 y los años siguientes es si la industria cripto logrará dar el salto de «activo especulativo prometedor» a «tecnología esencial que mejora la vida cotidiana». La evidencia disponible hasta ahora es mixta: Bitcoin ha demostrado ser una reserva de valor viable y sigue ganando aceptación institucional, las stablecoins muestran potencial para los pagos, y la Lightning Network avanza en usabilidad. Pero el uso real para pagos permanece bajo, las preocupaciones de seguridad no desaparecen, y el público en general todavía no está convencido de que estos activos resuelvan sus problemas económicos diarios.

El camino hacia adelante exige, en definitiva, tanto innovación tecnológica como educación pública y construcción de confianza. Si la industria logra avanzar en esos frentes, el potencial es enorme: un sistema financiero más abierto, eficiente y accesible para todos. Si no lo consigue, las criptomonedas podrían quedar relegadas a ser un activo de nicho para inversores sofisticados y entusiastas de la tecnología, sin alcanzar nunca el impacto transformador que sus defensores han prometido durante más de una década. La próxima etapa de esta historia, todo indica, no la definirán las políticas ni los precios, sino la utilidad práctica que finalmente logre demostrarse. Y eso, como suele ocurrir con las grandes transformaciones tecnológicas, solo el tiempo podrá confirmarlo.


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