La actividad empresarial de Estados Unidos registró en septiembre su expansión más acelerada en más de un lustro, impulsada por una demanda sólida que disparó tanto los nuevos pedidos como la contratación en los sectores manufacturero y de servicios. El índice compuesto preliminar de gestores de compras (PMI) elaborado por S&P Global se ubicó en 58,4 puntos, su nivel más alto desde julio de 2021, en un dato que confirma cómo crecen las empresas en Estados Unidos justo cuando la economía global atraviesa un momento de incertidumbre generalizada.
Un PMI que no se veía desde 2021
El indicador compuesto, que combina manufactura y servicios, alcanzó los 58,4 puntos en la lectura preliminar de septiembre, muy por encima del umbral de 50 que separa la expansión de la contracción. El PMI de servicios trepó hasta 58,7 —su mejor marca desde 2021—, mientras que el indicador de empleo del sector tocó su nivel más alto desde junio de 2022. Por su parte, el PMI manufacturero se ubicó en 57,0, su mejor lectura desde 2022, con los nuevos pedidos expandiéndose al ritmo más veloz desde abril de ese mismo año y una contratación que no se veía tan fuerte desde febrero de 2021.
El economista jefe de S&P Global Market Intelligence, Chris Williamson, resumió el momento con una frase contundente: «Es evidente que la actividad empresarial está en pleno auge tanto en el sector manufacturero como en el de los servicios». Según el propio Williamson, si se excluye la reapertura pospandemia, se trata de la mayor mejora observada desde comienzos de 2015, lo que da una dimensión histórica al repunte actual.
Qué explica el auge de las empresas estadounidenses
Detrás de estos números hay varios motores actuando de manera simultánea. El primero es el gasto sólido de los consumidores, que se sostiene pese a las tasas de interés elevadas y la inflación persistente, apoyado en un mercado laboral que todavía preserva el poder adquisitivo de los hogares. El segundo, y quizás el más determinante, es la inversión empresarial vinculada a la inteligencia artificial: las compañías están volcando capital hacia infraestructura de datos, tecnología y automatización, en un fenómeno que los analistas comparan con el impulso que generó internet en la década de 1990.
A esto se suma el gasto en defensa, que ha crecido de forma significativa en el contexto de la guerra con Irán, activa desde hace casi siete meses, beneficiando a contratistas militares y a los sectores de logística y tecnología de defensa vinculados al conflicto. Finalmente, la demanda general se mantiene robusta, con carteras de pedidos llenas tanto en manufactura como en servicios, lo que justifica la ola de contrataciones que atraviesa a distintas industrias.
Los cuellos de botella que ensombrecen el crecimiento
No todo son buenas noticias en el reporte de S&P Global. Williamson advirtió que este crecimiento «va acompañado de algunos de los cuellos de botella más graves en la cadena de suministro observados en los casi veinte años de historia de la encuesta —si se excluye la pandemia—». La guerra con Irán ha afectado el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, obligando a redirigir rutas de transporte y alargando los tiempos de entrega hasta niveles no vistos desde mediados de 2022.
A este cuadro se agrega la dificultad creciente de las empresas para encontrar personal calificado, un problema que Williamson también señaló explícitamente. La escasez de trabajadores en sectores clave, sumada a una competencia intensa por talento tecnológico, está presionando los salarios al alza, en momentos en que los precios de los insumos ya crecen al ritmo más rápido desde 2022, impulsados por el combustible y el transporte.
El dilema que enfrenta la Reserva Federal
Estos datos colocan a la Reserva Federal ante una decisión compleja. Por un lado, una economía que crece con esta fortaleza y un mercado laboral tan dinámico sugieren que no hace falta estímulo monetario adicional, y que las tasas actuales no están frenando la actividad tanto como se temía en meses anteriores. Por otro lado, el repunte en los precios de los insumos y los cuellos de botella en la cadena de suministro encienden una señal de alerta que recuerda al escenario inflacionario de 2021-2022, algo que la Fed querrá evitar a toda costa.
El escenario más probable, según el análisis de mercado, es que la Fed mantenga las tasas en el rango actual de 3,75%-4,00%, monitoreando de cerca los próximos datos de inflación al consumidor antes de decidir cualquier movimiento adicional. No se descarta un ajuste más hacia fines de 2026 si las presiones de costos terminan trasladándose a los precios finales, pero no hay indicios de que la autoridad monetaria vaya a actuar con premura.
Los sectores que lideran el repunte
La tecnología y la inteligencia artificial concentran buena parte de la inversión y la contratación reciente, con un efecto multiplicador que alcanza a sectores relacionados como ingeniería y ciencia de datos. La defensa y el sector aeroespacial también se benefician del contexto bélico actual, mientras que los servicios profesionales y de negocios —consultoría, contabilidad, legales— muestran su mejor desempeño desde 2021. La manufactura, por su parte, atraviesa una recuperación notable tras años de problemas logísticos, y el sector salud continúa expandiéndose de forma sostenida gracias al envejecimiento poblacional y a la inversión en infraestructura sanitaria.
Estados Unidos, la economía avanzada de mejor desempeño
La comparación internacional deja a Estados Unidos en una posición claramente favorable. Mientras la Eurozona registra lecturas de PMI en torno a 45-50 puntos, golpeada por la crisis energética y desafíos estructurales, China apenas roza el nivel de expansión con un PMI manufacturero cercano a 50, lastrado por su crisis inmobiliaria y la debilidad de la demanda doméstica. Japón, por su parte, exhibe un crecimiento anémico pese al alivio cambiario que le brinda un yen débil. En este contexto, Estados Unidos se consolida como la economía avanzada de mejor desempeño relativo, un factor que atrae inversión extranjera y sostiene la fortaleza del dólar.
Los riesgos que hay que vigilar de cerca
El optimismo del momento convive con riesgos concretos. Una inflación de insumos que continúe acelerándose podría trasladarse a los precios al consumidor y forzar a la Fed a endurecer su postura. Una eventual escalada del conflicto con Irán podría cerrar el Estrecho de Ormuz y disparar el petróleo hasta los US$150 o US$200 por barril, un escenario altamente inflacionario y recesivo. También existe el riesgo de que las empresas, entusiasmadas por el buen momento, incurran en una sobrecontratación que termine derivando en despidos si la demanda se enfría, un patrón similar al que vivió el sector tecnológico entre 2022 y 2023.
Lo que viene para la economía estadounidense
El escenario base que manejan los analistas contempla que el crecimiento se mantenga sólido durante el cuarto trimestre de 2026, con el PMI sosteniéndose por encima de 55 puntos y el empleo expandiéndose a un ritmo algo más moderado. La inflación permanecería controlada sin caer demasiado, y la Fed sostendría las tasas estables, con la posibilidad de un ajuste adicional antes de fin de año. Bajo este panorama, no se anticipa una recesión en 2026, sino más bien una desaceleración ordenada hacia 2027.
Para los mercados, la lectura es igualmente matizada: un crecimiento fuerte favorece las ganancias corporativas y sostiene al dólar, pero también podría implicar tasas de interés altas por más tiempo, lo que presiona las valuaciones bursátiles y empuja al alza los rendimientos de los bonos del Tesoro. El verdadero desafío, tanto para la Reserva Federal como para el resto de los policymakers, será sostener este ritmo de expansión sin que derive en un sobrecalentamiento inflacionario que termine por revertir el buen momento que hoy atraviesa la economía estadounidense.
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