A pocas horas de la nueva audiencia de Nicolás Maduro en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, venezolanos en el exilio llevaron a las afueras del tribunal un muñeco del exmandatario, vestido como preso, que se ha convertido en uno de los símbolos más llamativos de la jornada. La periodista Laura Weffer difundió en X la imagen del monigote plantado frente al edificio, mientras ciudadanos se preparan para concentrarse durante la sesión de este jueves, en la que se discutirá la pugna por los fondos para pagar la defensa de Maduro.
El muñeco, que recrea al exgobernante con uniforme de recluso y rasgos caricaturizados, funciona como una mezcla de catarsis y denuncia: para muchos venezolanos en el exterior, es la manera de recordar que quien alguna vez controló el aparato represivo del Estado hoy comparece engrilletado ante una corte extranjera acusado de narcotráfico y narcoterrorismo. La presencia del monigote frente al tribunal acompaña pancartas y consignas que exigen justicia por las víctimas de violaciones de derechos humanos, mientras se desarrolla dentro del edificio el debate sobre si Maduro puede o no usar fondos venezolanos bloqueados para costear a sus abogados.
La escena resume el clima de la jornada: en la sala, un caso penal técnico y complejo; en la calle, una diáspora que convierte al antiguo jefe de Estado en objeto de burla pública, para subrayar que, más allá de los tecnicismos legales, hay un país entero que todavía espera respuestas por años de crisis, represión y corrupción.

