El cuerpo de Samuel Irazábal Pinzón, un joven de 18 años, fue hallado sin vida en el fondo de la piscina de un reconocido club turístico en La Guaira, después de haber sido reportado como desaparecido por sus familiares el domingo, en un caso rodeado de irregularidades que ahora investiga el Cicpc. El muchacho había viajado desde la UD2 de Caricuao, en Caracas, hasta el Club Mamo, en Catia la Mar, para pasar un día de descanso con parientes y amigos, pero nunca volvió a aparecer a la hora del almuerzo y su paradero se convirtió en un misterio durante horas.
De acuerdo con versiones recogidas por medios regionales, la familia comenzó a buscarlo alrededor de la 1:00 de la tarde, cuando notaron su ausencia al momento de comer, y extendieron la búsqueda por todo el club sin resultados. Pese a los recorridos y a que esa misma noche se habría realizado mantenimiento en el área de la piscina, nadie detectó el cuerpo hasta la mañana del día siguiente, cuando un vigilante avistó el cadáver de Samuel en el fondo del vaso de agua.
El informe forense preliminar indica que el joven murió por asfixia mecánica por inmersión alrededor de las 3:00 p. m. del domingo, es decir, horas antes de que sus familiares iniciaran la búsqueda desesperada. Para los allegados, estos datos abren una gran incógnita: cómo es posible que nadie viera nada en todo ese tiempo, ni bañistas, ni personal de seguridad, ni quienes realizaban labores de limpieza en la piscina esa noche.
“Nuestro amado Samuel falleció el domingo, pero exigimos una explicación y pedimos al Cicpc que siga las investigaciones para saber qué pasó realmente”, dijo uno de los familiares al diario regional La Verdad de Vargas, citado por otros medios. La familia reclama, además, que el hallazgo se produjera solo después de que ellos interpusieran la denuncia formal ante el Cicpc, lo que aumenta la desconfianza sobre el manejo inicial del caso por parte del club y de los cuerpos de seguridad.
Funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas realizaron el levantamiento del cadáver e iniciaron interrogatorios al personal del club, vigilantes, socorristas y amigos que acompañaban al joven el día del hecho. Las autoridades investigan si se trató de una inmersión accidental —por imprudencia, falta de supervisión o ausencia de salvavidas— o si intervinieron otros factores, incluyendo una posible negligencia en los protocolos de seguridad o, en el peor de los escenarios, algún tipo de hecho punible encubierto.
El caso ha generado conmoción en la comunidad de La Guaira, especialmente porque ocurre en plena temporada de Semana Santa, cuando los clubes y balnearios de la costa registran una alta afluencia de visitantes. Voces locales señalan que la muerte de Samuel pone sobre la mesa la necesidad de revisar los estándares de seguridad y vigilancia en piscinas y centros recreativos, así como de garantizar la presencia efectiva de personal entrenado en rescate acuático y primeros auxilios.
Mientras el expediente avanza en manos del Ministerio Público y del Cicpc, familiares y amigos de Samuel Irazábal insisten en que no se conforme la versión de un simple “accidente en piscina” sin agotar todas las líneas de investigación. “No nos explicamos cómo nadie vio nada en tanto tiempo… esto es muy extraño”, reiteraron, al tiempo que piden que la muerte del joven no quede como una estadística más y que se determinen responsabilidades concretas si se confirma que hubo fallas graves de supervisión o encubrimiento de información.

