El exministro de Petróleo Tareck El Aissami reapareció públicamente durante el inicio del juicio por la trama de corrupción PDVSA-Cripto, uno de los casos más explosivos de los últimos años en Venezuela. Después de meses de absoluto silencio oficial sobre su paradero, la audiencia permitió confirmar que el otrora hombre fuerte del chavismo enfrenta el proceso en medio de un evidente deterioro físico y bajo fuertes señalamientos por desfalco multimillonario a la estatal petrolera.
Según reseñas de portales y periodistas que siguen el caso, el juicio se lleva a cabo ante el Tribunal 3° de Control con competencia en delitos asociados al terrorismo, a cargo de la jueza Alejandra Romero Castillo, instancia que conoce el expediente de El Aissami y otros más de 60 implicados, entre ellos el exdiputado Hugbel Roa y el empresario Samark López. El Ministerio Público los acusa de integrar una trama de reventa ilícita de petróleo, uso de plataformas financieras y criptoactivos y desvío de divisas que, según la acusación oficial, habrían generado una pérdida estimada de 23.000 millones de dólares para PDVSA.
En la descripción del llamado esquema PDVSA-Cripto, los fiscales sostienen que se vendía crudo venezolano a través de intermediarios y sociedades mercantiles —unas 74 empresas, según la acusación—, y que el dinero nunca ingresó a las cuentas de la República. Parte de esos fondos habría pasado por bancos en el exterior, como Compass Bank, en Dominica, vinculado a los hermanos De Grazia, y luego se habría blanqueado usando criptomonedas y estructuras financieras en Asia. Sobre esa base, el Ministerio Público pidió a la jueza declarar culpables a los acusados y aplicar las penas máximas previstas en la legislación venezolana.
La reaparición de Tareck El Aissami llamó la atención por su estado de salud. De acuerdo con reportes citados por medios como Caraota Digital y Araguaney News, el exministro se encuentra recluido en el Internado Judicial El Rodeo I y presenta un severo deterioro físico, con pérdida drástica de masa muscular y peso. En la primera audiencia se le vio llegar en silla de ruedas, mientras que en otra sesión, celebrada el 22 de abril, debió ser cargado en hombros por dos funcionarios para poder entrar a la sala del tribunal.
Fuentes vinculadas al proceso indicaron que El Aissami padece una hernia discal en la columna, que le provoca dolores intensos y limita gravemente su movilidad. Su defensa ha solicitado atención médica especializada, pero hasta ahora —según esas versiones— no ha obtenido una respuesta efectiva por parte de las autoridades penitenciarias. Este cuadro ha alimentado especulaciones sobre el trato que recibe en prisión y sobre el uso político de su imagen deteriorada en medio de un caso emblemático de corrupción interna.
Los abogados de los acusados también han denunciado limitaciones en el acceso al expediente y a la información del caso. Señalan que el juicio avanza sin que se les permita revisar con plenitud la documentación, lo que motivó la solicitud de anulación del proceso por violaciones al derecho a la defensa y al debido proceso. Estas quejas se suman a críticas previas de organizaciones de derechos humanos sobre la falta de transparencia de los tribunales en casos de alto perfil.
Aun con esas controversias, el caso PDVSA-Cripto se proyecta como uno de los procesos judiciales más simbólicos del país: sienta en el banquillo a una figura que llegó a ser vicepresidente ejecutivo, ministro de Petróleo y hombre de máxima confianza del círculo gobernante, hoy convertido en acusado central de un desfalco colosal. La manera en que avance el juicio —tanto en términos de pruebas como de condenas y garantías— servirá como termómetro de hasta dónde el sistema judicial está dispuesto a llegar cuando la corrupción salpica a la propia cúpula del poder.

