LA HABANA, 17/03/2026.- Una persona pasea por la calle en pleno apagón, este lunes, en La Habana. Cuba empieza recuperarse lentamente de un nuevo apagón nacional, fruto de la precaria situación de su sistema energético y de la presión extra del bloqueo petrolero de EE.UU. EFE/ Ernesto Mastrascusa

Cuba volvió a quedar totalmente a oscuras este sábado 21 de marzo, tras un nuevo apagón nacional provocado por la desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) a las 6:38 de la tarde, hora local, según informó la estatal Unión Eléctrica (UNE). Se trata del segundo colapso general en menos de una semana y del séptimo apagón de alcance nacional en el último año y medio, lo que refleja la creciente fragilidad de la red energética cubana en medio de una profunda crisis de combustible y fallas estructurales. Millones de personas en las 15 provincias se quedaron sin servicio eléctrico al mismo tiempo, con impacto en el transporte, las comunicaciones, el bombeo de agua y los servicios básicos.

El Ministerio de Energía y Minas confirmó la avería y aseguró que se activaron los protocolos de recuperación, que incluyen el uso de las llamadas “microislas”, pequeños segmentos de generación aislados para ir reconectando paulatinamente zonas del país. Horas después, la UNE atribuyó la desconexión a un problema en la Unidad 6 de la termoeléctrica de Nuevitas, en Camagüey, que habría generado un efecto en cadena sobre otras plantas en operación. No obstante, las autoridades no ofrecieron un informe técnico detallado sobre las causas de fondo, mientras en redes sociales se multiplicaban las quejas por la falta de información y la reiteración de fallas masivas.

La isla vive una crisis energética crónica desde mediados de 2024, marcada por la escasez de combustible, la obsolescencia de termoeléctricas y la dependencia de importaciones de petróleo en condiciones cada vez más complicadas, agravadas recientemente por el bloqueo a los cargamentos de crudo ruso impuesto por Estados Unidos. En condiciones “normales” ya se registran apagones de hasta 15 horas diarias en La Habana y de hasta 48 horas continuas en algunas provincias, por lo que cada colapso nacional dispara la indignación de una población sometida a cortes constantes, calor, falta de refrigeración de alimentos y dificultades para trabajar o estudiar.

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