El Cendas-FVM calculó que en febrero de 2026 una familia venezolana de cinco personas necesitó 645,6 dólares para cubrir la canasta alimentaria familiar, es decir, solo comida básica para el mes. El indicador, expresado en divisas, muestra incluso una leve caída de 4,7% frente a enero, pero sigue completamente fuera del alcance de la mayoría, en un contexto en el que el salario mínimo continúa congelado desde 2022 en 130 bolívares mensuales, el equivalente a unos 0,33 dólares al tipo de cambio oficial promedio de febrero.
La organización advirtió sobre la brutal “brecha del poder adquisitivo”: un salario mínimo venezolano solo cubre 0,05% del costo de la canasta alimentaria. Dicho de otro modo, para comprar toda la comida que requiere una familia en un mes se necesitan 1.937 salarios mínimos, o, en términos de bonos, alrededor de 4,4 “bonos de guerra económica”, ese complemento que el gobierno paga en bolívares sin incidencia en prestaciones ni vacaciones. “El salario mínimo actual es, en la práctica, inexistente frente al costo de la vida”, resumió Óscar Meza, director de Cendas-FVM.
El reporte también detalla qué rubros empujan más la factura del mercado. El mayor aumento de precios en febrero se registró en salsas y mayonesa (37,36%), seguido de pescados y mariscos (15,53%), mientras otros grupos de alimentos se mantienen igualmente elevados en un país donde casi todo lo que se vende en anaqueles está dolarizado de facto. En paralelo, el Banco Central de Venezuela (BCV) informó que la inflación acumulada en los dos primeros meses de 2026 ya llega a 51,9%, con alzas de 32,6% en enero y 14,6% en febrero, lo que sigue erosionando cualquier ingreso fijo.
En los últimos años, el Ejecutivo ha sustituido los ajustes de sueldos por un esquema de bonificaciones en dólares pagadas en bolívares, que suman alrededor de 160 dólares mensuales para los trabajadores públicos (40 por concepto de alimentación y 120 por “guerra económica”). Pero como estos bonos no forman parte del salario, no cuentan para prestaciones, utilidades ni jubilaciones, y tampoco se extienden al sector privado, lo que deja a millones de trabajadores y pensionados con ingresos muy por debajo del costo de la canasta alimentaria. Para Cendas-FVM, mientras el salario mínimo siga atado a 0,33 dólares y la política salarial descanse en bonos discrecionales, hablar de “recuperación económica” es incompatible con la realidad cotidiana de las familias.

