Las exportaciones de petróleo de Venezuela alcanzaron en marzo su nivel más alto en al menos seis años, impulsadas por el aumento de los envíos desde la terminal de José y por la entrada de India como comprador masivo que está llenando el vacío dejado por China, según datos de Bloomberg. Desde que la administración de Donald Trump tomó control directo de las ventas de crudo tras la captura de Nicolás Maduro, los despachos han venido escalando hasta acercarse a los máximos registrados antes del endurecimiento de sanciones.
Bloomberg detalla que los envíos de marzo desde la terminal de José, que concentra más del 80% de las exportaciones petroleras del país, se encaminan a subir hasta unos 848.000 barriles diarios, el volumen más alto desde 2019 para ese puerto clave ubicado en el estado Anzoátegui. Si se suma la carga que sale por otros terminales menores y productos como combustibles y petroquímicos, el flujo total de exportaciones de crudo y derivados se sitúa en torno o por encima de los 900.000 barriles diarios, nivel que ya se había rozado en 2025 y que ahora se consolida en un contexto de supervisión directa de Washington.
Uno de los cambios más relevantes es el giro en el mapa de destinos: India se ha convertido en el principal motor del repunte, aprovechando descuentos significativos para procesar crudo pesado venezolano en sus refinerías, mientras China, que durante años fue el gran comprador en la sombra a través de intermediarios, ha reducido su exposición. Paralelamente, las exportaciones a Estados Unidos se han duplicado en las últimas semanas, hasta alcanzar su mayor nivel en más de un año, a medida que refinadores estadounidenses aumentan compras de crudo venezolano en medio de la reconfiguración de los flujos globales de petróleo por la guerra con Irán.
Bloomberg y Reuters han reportado que este aumento de envíos forma parte de una estrategia explícita de la Casa Blanca: reemplazar barriles de origen iraní y ruso por volúmenes adicionales de Venezuela, México, Brasil, Colombia y Ecuador, al tiempo que se mantiene un férreo control sobre los ingresos a través de cuentas supervisadas y licencias condicionadas. En el caso venezolano, empresas como Chevron han recibido autorización para ampliar operaciones y exportaciones, mientras Pdvsa utiliza mayores cantidades de diluyentes importados para producir crudos mezclados aptos para el mercado internacional.
Aun con el repunte, los niveles actuales siguen por debajo de los más de 2 millones de barriles diarios que Venezuela llegó a exportar antes del colapso de Pdvsa, pero marcan una recuperación clara respecto a los años más duros de sanciones y caída operativa. Para la administración de Delcy Rodríguez, el auge de exportaciones abre una ventana para mejorar el flujo de caja y financiar parte de la transición, mientras que para los analistas queda la gran pregunta: cuánto de ese ingreso adicional se traducirá en mejoras internas —servicios, salarios, inversiones— y cuánto se diluirá en el laberinto de deudas, litigios y acuerdos con acreedores.

