Este 15 de abril se cumplen oficialmente los primeros 101 días de promesas incumplidas y de sobrevivir con servicios destrozados. Mientras el discurso oficial habla de “estabilización” y “recuperación”, en las comunidades de Maracay y otros municipios de Aragua la rutina sigue marcada por apagones interminables, grifos secos y un costo de vida que pulveriza cualquier salario.
En el plano económico, pequeños y medianos comerciantes resumen estos 101 días como un período de incertidumbre constante. Emprendedores de comida rápida, abastos y comercios de barrio aseguran que la baja capacidad de compra y la inestabilidad del tipo de cambio mantienen las ventas por el piso, obligándolos a operar “al mínimo” para no cerrar definitivamente. Aunque se anuncian medidas para “dinamizar” la economía, en la calle lo que se ve son locales vacíos, ofertas forzadas y clientes que priorizan lo básico: algo de comida y transporte.
En el sector educativo, maestros de escuelas estadales insisten en que el panorama sigue siendo “crítico”. Denuncian fallas constantes de electricidad y agua, déficit de materiales, planteles deteriorados y una deserción tanto de alumnos como de docentes que no se detiene. Tras cuatro años de ayuno salarial, muchos educadores describen su remuneración como simbólica, incapaz de cubrir siquiera la alimentación de un día, mientras el costo de la canasta básica dolarizada los empuja a buscar trabajos extra o a abandonar las aulas.
En los barrios de Maracay y zonas cercanas, la crisis de los servicios públicos se siente en cada esquina. Vecinos describen cortes eléctricos cada vez más prolongados, fallas en la recolección de basura, botes de aguas negras y el impacto de la crecida del Lago Los Tacariguas, que sigue afectando viviendas y multiplicando enfermedades. Con los grifos secos y el agua potable llegando de forma intermitente o simplemente no llegando, muchas familias deben comprar agua para cocinar y asearse, o depender de camiones cisterna que no siempre se pueden pagar.
Habitantes consultados alertan sobre cuadros diarreicos, infecciones de piel y problemas respiratorios ligados tanto a la contaminación por aguas servidas como a la proliferación de zancudos en las zonas inundadas por el lago. “Tenemos varios enfermos en casa y no hay atención médica suficiente, ni medicinas al alcance del bolsillo”, relatan vecinos que además deben organizarse por su cuenta para tapar filtraciones, limpiar desechos o abrir canales de desagüe improvisados.
En medio de este colapso, el tejido social intenta sostenerse gracias a la labor de fundaciones, ONG y grupos de voluntarios, que se han convertido en la red de contención de miles de familias. Organizaciones como Unidos de las Manos y otras iniciativas comunitarias reparten alimentos, agua, ropa y apoyo emocional en sectores particularmente golpeados, demostrando que la solidaridad ciudadana suple, en la práctica, la ausencia de un Estado incapaz de garantizar derechos básicos.
A 101 días del interinato de Delcy Rodríguez, el balance que hacen vecinos, comerciantes, docentes y activistas en Aragua es contundente: más expectativas que resultados, más cadenas presidenciales que soluciones concretas. El gran desafío, coinciden, es que los anuncios se conviertan en mejoras reales en electricidad, agua, transporte y salario, porque por ahora la vida diaria sigue ajustándose a punta de resistencia, resignación y cacerolas a oscuras.

