El diplomático estadounidense John M. Barrett ya está en Caracas y asumió oficialmente como nuevo encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, con una misión explícita: avanzar en el “plan de tres fases” diseñado por el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio para el país. En un mensaje difundido por la Embajada, Barrett afirmó: “Estoy en tierras venezolanas para seguir implementando el plan de tres fases de Trump y Rubio, y ofrecer resultados para la gente de nuestros países”.
El arribo de Barrett se produce en el nuevo escenario abierto tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 en Fuerte Tiuna, durante una operación militar estadounidense que terminó con su traslado a una corte federal de Nueva York, donde enfrenta cargos por narcoterrorismo. Tras esos hechos, Washington y el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez acordaron restablecer relaciones diplomáticas y consulares, lo que permitió la reapertura formal de la Embajada estadounidense en Caracas después de siete años de ruptura.
Según medios y fuentes diplomáticas, el plan de tres fases que Barrett viene a ejecutar traza una hoja de ruta que combina control petrolero, recuperación económica y transición política.
- Fase 1: Estabilización.
Contempla el control y la venta supervisada de hasta 50 millones de barriles de crudo venezolano, con los ingresos depositados en cuentas internacionales bajo mecanismos de resguardo para que sean utilizados “en beneficio del pueblo venezolano”. Esta etapa también incluye saneamiento de flujos financieros y medidas para frenar el narcotráfico y el crimen organizado vinculados a estructuras del antiguo régimen. - Fase 2: Recuperación económica.
Busca abrir espacio a empresas occidentales en el sector petrolero, impulsar una reforma profunda de PDVSA y poner en marcha un paquete de inversión estimado en 100.000 millones de dólares para infraestructura, servicios y reactivación productiva. La idea central es reinsertar a Venezuela en los mercados globales y reconstruir su aparato económico sobre la base de seguridad jurídica, apertura y asistencia técnica internacional. - Fase 3: Transición política.
Es la etapa más delicada: establece la celebración de elecciones libres y supervisadas internacionalmente antes de finales de 2026, con un énfasis en garantías electorales, observación robusta y compromisos para una transición democrática negociada.
Barrett, que antes de llegar a Caracas se desempeñaba en la misión estadounidense en Guatemala, fue presentado por Washington como un diplomático con experiencia en seguridad regional, lucha contra el crimen organizado y manejo de escenarios políticos complejos. La administración Trump destaca que su perfil encaja con la mezcla de presión y pragmatismo que quiere proyectar en el hemisferio en este “momento histórico” de recomposición de la relación con Venezuela.
En sus primeras declaraciones, Barrett subrayó que considera “un honor representar a Estados Unidos en este momento histórico para nuestras relaciones con Venezuela”, y reiteró que su agenda estará alineada directamente con las directrices de la Casa Blanca y del Departamento de Estado. Sectores políticos y mediáticos han descrito a Barrett como el “hombre clave de Trump en Caracas”, encargado de trasladar a la práctica el plan acordado tras la caída del antiguo liderazgo chavista.
El despliegue del plan de tres fases también tiene una dimensión geopolítica más amplia: Washington apunta a reducir la influencia de potencias rivales en Venezuela, recomponer el mapa energético regional y reforzar su posición frente a actores como Rusia, China e Irán, que ganaron terreno durante los años de ruptura diplomática. En ese tablero, la figura de Barrett no solo pesa como gestor técnico del plan, sino como pieza política de una estrategia que combina petróleo, seguridad, comercio y transición institucional.

